La cafetería estaba explotada de gente y Juana ya iba por su quinto café gratis del día.
Eso nunca terminaba bien.
-Si seguís tomando cafeína así te va a dar un infarto a los veintidós -dijo José mientras limpiaba la máquina.
-Perfecto. Así no tengo que pensar qué hacer con mi vida.
-Dios, qué pesada sos.
Ella soltó una risa corta y siguió acomodando vasos detrás del mostrador.
Odiaba cuando le preguntaban qué estudiaba.
O qué quería hacer.
O dónde se veía en cinco años.
No podía verse ni llegando viva al viernes.
La puerta de la cafetería se abrió y entró aire frío junto con un chico de gorra negra y buzo oscuro.
Nada especial.
Solo otro cliente escapando de la lluvia.
Se quedó mirando el menú varios segundos, quieto, como si estuviera demasiado cansado para tomar decisiones simples.
Juana apoyó los codos sobre el mostrador.
-Te aviso que el menú no muerde.
El chico levantó la vista.
Tenía cara de haber dormido poco.
Muy poco.
-Estoy pensando -dijo.
La voz grave.
Tranquila.
-Uh, peligroso eso.
Eso le sacó una sonrisa mínima.
Apenas una curva en la boca.
-Necesito café urgente.
-Bueno, eso ya es más coherente.
Agarró el anotador.
-¿Qué vas a pedir?
-Café negro.
Ella hizo una mueca de decepción.
-Qué pedido triste.
-Es café.
-Hay gente que disfruta un poco la vida, Guido.
Él frunció apenas el ceño.
-¿Cómo sabés mi nombre?
Ella señaló la botella que estaba sosteniendo.
El nombre estaba escrito con fibrón negro.
Guido bajó la vista y soltó una risa corta por la nariz.
Primera emoción humana detectada.
-Perdón -dijo él-. No estoy funcionando muy bien hoy.
-Tranqui, yo nunca funciono bien.
-yyy vos cómo te llamas?
- Juana, respondió mientras preparaba el café
él esperaba apoyado contra el mostrador sin hablar.
Claramente era un tipo que no hablaba demasiado
Pero tampoco parecía incómodo con el silencio.
Eso era raro.
La mayoría de la gente sentía la necesidad desesperante de llenar cada segundo callado.
-Tomá -dijo ella alcanzándole el vaso.
Sus dedos se rozaron apenas.
Nada importante.
Pero él levantó la vista otra vez.
-Gracias.
-De nada, señor café triste.
Esta vez sí sonrió un poco más.
Y honestamente, ella ni siquiera se preguntó quién era.
YOU ARE READING
Cómo mirarte menos.
FanfictionJuana estaba acostumbrada a sobrevivir sola hasta que el famoso Guido sardelli apareció en su vida. Entre cafés, canciones y heridas que todavía duelen, los dos van a descubrir que algunas personas llegan para sentirse como hogar. (Voy sacando...
