Blackwood siempre había sido un pueblo demasiado pequeño para guardar secretos.
Las mismas calles vacías.
Las mismas casas viejas con pintura desgastada.
La misma cafetería junto a la gasolinera donde todos parecían conocerse por nombre y apellido.
Por las noches, la avenida principal quedaba iluminada únicamente por los faroles amarillentos y el letrero parpadeante de la estación de servicio.
No había demasiado que hacer allí.
Y quizás por eso, cuando cuatro niños se encontraron por accidente durante un verano insoportablemente caluroso, terminaron convirtiéndose en el centro del mundo del otro.
-
El verano del 2012 llegó acompañado de días eternos.
Las clases habían terminado hacía apenas dos semanas y el calor parecía derretir el asfalto de las calles.
Ethan Walker tenía once años y más energía de la que cualquier adulto podía soportar.
Corría por todo Blackwood como si el pueblo entero le perteneciera.
Ese día apareció en el viejo parque con una bicicleta prácticamente destruida, las rodillas raspadas y tierra hasta en el cabello.
-¡No fue mi culpa! -gritó antes siquiera de detenerse.
Detrás de él venía otro niño jadeando, igual de sudado y cubierto de polvo.
-¡Claro que sí fue tu culpa! -protestó Noah Reyes-. ¡Te dije que no bajaras por esa colina!
Ethan soltó la bicicleta sobre el césped y se dejó caer en una banca mientras se reía sin vergüenza alguna.
-Pero sobrevivimos.
-Casi nos atropella un auto.
-Detalles.
Noah rodó los ojos, aunque terminó riéndose también.
Siempre pasaba eso con Ethan.
Era imposible seguirle el ritmo.
Desde pequeños había sido así: impulsivo, ruidoso y absurdamente temerario.
Noah, en cambio, era todo lo contrario.
Pensaba antes de actuar.
O al menos lo intentaba.
Pero Ethan tenía una extraña habilidad para meterlo en problemas de todas formas.
Los dos eran inseparables desde jardín de niños.
Blackwood era tan pequeño que prácticamente habían crecido juntos.
Habían aprendido a andar en bicicleta en las mismas calles, roto ventanas jugando béisbol y escapado de más castigos de los que podían recordar.
Y aunque discutían todo el tiempo, ninguno sabía realmente cómo existir sin el otro cerca.
-
El parque estaba casi vacío esa tarde.
Solo se escuchaban las cigarras, el rechinar oxidado de los columpios y el ruido lejano de una cortadora de césped.
Ethan se levantó apenas vio una pelota atorada en uno de los árboles.
-Apuesto a que puedo bajarla.
Noah lo miró con sospecha inmediata.
-No.
-¿No qué?
-No hagas algo estúpido.
-Eso reduce muchísimo mis opciones.
Antes de que Noah pudiera detenerlo, Ethan ya estaba trepando el árbol.
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El verano en que desapareciste
Fanfictiontodo comenzó aquel verano del 2012 cuatro chicos cruzaron sus caminos sin saber que eso podría cambiar sus vidas para siempre ya sea bueno o malo, pero sabiendo que serian mas que solo conocidos que con el paso del tiempo serian "la pequeña pandilla...
