Las Reinas de Umbraeth Capítulo I - La Hija del Valle Lunar

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La primera vez que Elyndra perdió el control de su magia tenía apenas siete años.

Nadie en Sylvael olvidó aquella noche.

El Valle de las Hadas estaba celebrando el Festival de la Luna Blanca, una tradición antigua donde todas las criaturas luminosas se reunían alrededor del lago lunar para agradecer a la diosa Aelith por la magia del bosque.

Había música.

Risas.

Flores flotando sobre el agua.

Las hadas pequeñas corrían entre luces doradas mientras las ancianas observaban desde sus plataformas de cristal.

Y en medio de todo aquello estaba Elyndra.

Pequeña.

Silenciosa.

Sentada sola junto al lago.

Incluso de niña era distinta.

Las demás hadas jugaban entre ellas, pero Elyndra prefería mirar el agua y escuchar el sonido del viento entre los árboles.

Su madre solía decirle que tenía “alma de luna”.

Porque siempre parecía estar soñando despierta.

Aquella noche llevaba un vestido blanco demasiado grande para ella y pequeñas flores plateadas entre el cabello.

Todo iba bien hasta que un grupo de hadas mayores comenzó a burlarse.

—Es rara.

—Da miedo.

—Mi madre dice que no debemos acercarnos demasiado a ella.

Elyndra intentó ignorarlas.

Pero una de ellas dijo algo peor.

—Las hadas con el Don del Dominio siempre terminan convirtiéndose en monstruos.

Silencio.

El corazón de Elyndra comenzó a latir rápidamente.

Ella todavía era pequeña para entender completamente qué significaba aquel don… pero sí entendía algo:

Todos le tenían miedo.

Las lágrimas llenaron sus ojos.

Y entonces ocurrió.

El lago explotó.

Miles de gotas de agua flotaron en el aire.

Los árboles comenzaron a doblarse violentamente.

Las flores se arrancaron solas del suelo.

Las hadas gritaron aterradas.

Y las pequeñas piedras alrededor de Elyndra empezaron a girar a su alrededor como si fueran controladas por una tormenta invisible.

Las ancianas actuaron de inmediato.

Una de ellas extendió su bastón y selló la energía antes de que el valle entero colapsara.

Después de aquello, Sylvael jamás volvió a mirar a Elyndra de la misma forma.

Los años pasaron.

Y el miedo también creció.

Aunque Elyndra jamás volvió a perder el control de aquella manera, todos sabían que su poder seguía ahí.

Dormido.

Esperando.

Por eso las ancianas comenzaron a entrenarla desde muy pequeña.

Mientras otras hadas aprendían magia simple —hacer florecer plantas, controlar agua o comunicarse con animales— Elyndra era llevada a las cámaras subterráneas del templo lunar.

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