El eco de los teclados.
Me llamo Kapi, tengo 24 años y, si soy honesto, no sé en qué momento la música dejó de ser un juego para convertirse en lo único que me mantiene en pie.
Todo empezó como siempre: una noche cualquiera en el arcade. Las luces neón parpadeaban como si también estuvieran cansadas de existir, y el sonido de las máquinas era un caos familiar que, de alguna forma, me calmaba. Me senté frente a mi teclado, ese que llevo conmigo a todos lados, y dejé que mis dedos hicieran lo que mejor saben: hablar por mí.
No tardó en llegar Boyfriend. Ese chico siempre aparece cuando menos lo esperas, con su sonrisa confiada y su manera de retarme sin decir una sola palabra. Detrás de él, como siempre, estaba Girlfriend, observando todo con esa calma que me resulta... incómoda.
-¿Otra vez? -le dije, sin mirarlo directamente.
-Beep.
Eso fue suficiente. Siempre lo es.
Empezamos a tocar. Nota tras nota. Ritmo tras ritmo. Al principio, era divertido, como en los viejos tiempos. Pero algo... algo no estaba bien. Había una presión en el ambiente que no podía ignorar. No venía de Boyfriend. Él estaba igual que siempre. Tampoco de Girlfriend.
Venía de otro lugar.
Cuando terminé la canción, mis manos temblaban ligeramente. No era cansancio. Era otra cosa.
-¿Lo sientes? -pregunté.
Boyfriend inclinó la cabeza, confundido.
Antes de que pudiera explicar, las luces del arcade se apagaron de golpe.
Silencio.
Un silencio tan profundo que dolía.
Entonces lo escuché.
Una nota.
Una sola nota... pero distorsionada, como si alguien la hubiera retorcido hasta romperla.
-Interesante... -dijo una voz desconocida.
Las pantallas del arcade comenzaron a encenderse una por una, pero no mostraban juegos. Mostraban estática. Y en medio de esa estática... una figura.
No era nadie que conociera.
-¿Quién eres? -pregunté, levantándome.
-Puedes llamarme... NullBeat -respondió.
Su voz no sonaba humana. Era como una mezcla de eco, glitch y algo... más oscuro.
Boyfriend dio un paso adelante, listo para enfrentarlo. Pero lo detuve con la mano.
-No -le dije-. Esto no es como las otras veces.
NullBeat rió. No era una risa normal. Era... fragmentada.
-Claro que no, Kapi -dijo-. Tú ya lo sabes. Tú sientes la diferencia.
Y tenía razón. La sentía.
Era como si la música misma estuviera enferma.
-¿Qué quieres? -pregunté.
-Quiero lo que tú tienes.
-¿Mi talento? -respondí con sarcasmo.
-No -dijo-. Tu conexión.
Eso me hizo callar.
Porque... sabía a qué se refería.
Desde hace tiempo, la música no era solo música para mí. Era algo más profundo. Podía sentirla, entenderla de formas que no podía explicar. Y ahora... alguien más lo había notado.
