Cosas normales

58 11 0
                                        


Tau no era una persona demostrativa.

Nunca lo había sido.

No abrazaba porque sí.
No decía "te quiero" todo el tiempo.
No era de mandar mensajes tiernos ni esas cosas.

De hecho, la mayoría pensaba que era bastante fría.

Y quizás lo era un poco.

Pero con Mechi era distinto.

No muchísimo distinto.

Tau seguía siendo Tau.

Seguía poniendo cara de orto medio día y respondiendo seco cuando estaba cansada.

Solo que... con Mechi bajaba la guardia un poco.

Muy poco.

Lo suficiente para que Mechi supiera cuándo Tau estaba de mal humor aunque dijera "estoy bien".

Lo suficiente para que Tau apareciera en su casa sin avisar solamente porque "estaba aburrida".

Lo suficiente para que, entre toda la gente que conocía, siempre terminara sentándose al lado suyo.

—Tau: Tu gato me odia.

—Mechi: Porque vos parecés villana de película.

Tau levantó la mirada del celular.

—Tau: ¿Qué tenía que ver?

—Mechi: Tenés energía de persona que mata gente.

Tau soltó una risa corta por la nariz.

Y eso hizo sonreír a Mechi automáticamente.

Porque Tau casi nunca se reía fuerte.

Sus risas eran así.

Pequeñas.

Cortitas.

Y cuando pasaban, Mechi sentía una satisfacción completamente ridícula.

Estaban en la habitación de Mechi haciendo tarea, aunque en realidad hacía más de veinte minutos que ninguna tocaba la carpeta.

Tau estaba tirada boca abajo en la cama usando el celular mientras Mechi escribía cualquier cosa intentando terminar rápido.

—Mechi: ¿Me estás escuchando?

—Tau: Mhm.

—Mechi: Recién te pregunté algo.

Tau levantó apenas la cabeza.

—Tau: Sí, ya sé.

—Mechi: ¿Y qué pregunté?

Tau se quedó callada unos segundos.

—Tau: Ni idea.

Mechi le tiró una lapicera y Tau sonrió apenas de costado.

Esa sonrisa.

La que casi nunca mostraba.

La que aparecía solo a veces.

Mechi se quedó mirándola un segundo más de lo normal.

Después volvió rápido a la carpeta.

Sin pensar demasiado en eso.

Tau siempre había sido difícil de leer.

Con el resto del mundo parecía distante.
Desinteresada.
Como si nada le afectara demasiado.

Pero Mechi sabía que no era tan así.

Porque conocía las pequeñas cosas.

Sabía que Tau se quedaba despierta cuando algo le preocupaba.
Sabía cuándo estaba triste aunque fingiera perfectamente que no.
Sabía que escuchaba atentamente incluso cuando parecía distraída.

Y le gustaba sentir que entendía partes de Tau que el resto no veía.

Aunque nunca se preguntó demasiado por qué.

Una tarde estaban con amigos en una plaza cuando uno de los chicos dijo:

—Amigo: Tau da miedo cuando conoce gente nueva.

Tau levantó el dedo del medio sin siquiera mirarlo.

Todos se rieron.

—Otra amiga: Es verdad igual. Pensé que me odiabas cuando te conocí.

Tau se encogió de hombros.

—Tau: Me da paja hablar.

—Mechi: Confirmo.

Tau giró apenas la cabeza hacia ella.

Y ahí pasó algo raro.

Porque la expresión seria que tenía cambió apenas cuando la miró a Mechi.

Muy poquito.

Pero cambió.

Como si automáticamente se relajara.

Mechi lo notó.

Y también notó que eso le gustó demasiado.

Pero no le dio importancia.

Porque era Tau.

Y Tau siempre era distinta con ella.

todo menos amigasStories to obsess over. Discover now