Prólogo

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Invierno
1989

Mike

El duelo es una tortura silenciosa que se libra en las sombras del alma; una batalla que no solo exige voluntad de hierro, sino también del hallazgo de un bálsamo que calme el ardor de la herida. Mike Wheeler ha encontrado un refugio de esperanza entre la tinta y el papel, tal como el Castillo Byers resguardo una vez la integridad física de Will.

La escritura funciona como un escape reconfortante; un puente donde la imaginación logra materializar escenarios ficticios y realidades alternas. En ese espacio, el destino ofrece una perspectiva distinta a la crudeza del presente, ofreciendo un respiro a un alma atormentada por la pena. No obstante, ese refugio de tinta puede transformarse en un arma de doble filo si no se transita con cuidado, pues quien se sumerge demasiado en lo que pudo ser, corre el riesgo de perderse en un mar de nostalgia.

A dos años de la partida de su amada, Mike, por fortuna, no navegaba dichas aguas en soledad.

Su madre siempre encontraba la forma de estar al pendiente, ya fuera con un cuidadoso «¿Cómo estás hoy?» o un abrazo silencioso; Holly, cada que tenía oportunidad, le hacía preguntas sobre Calabozos & Dragones para tenderle salvavidas de distracción. Mientras que Nancy se volvió una presencia constante al otro lado del teléfono. Incluso su padre, en un inusual acto de cercanía, le regaló unas palabras que el pelinegro atesoró profundamente: "Llora todo lo que quieras, pero no permitas que esto te venza, Michael". Y Mike lo hizo; lloró durante meses, pero también escribió.

Hasta que el dolor le enseñó que, a veces, el amor de los tuyos y un nuevo pasatiempo no bastan para llenar ciertos vacíos.

Fue entonces, cuando el destino trajo a la puerta a una pareja de recién casados. Hopper y Joyce desbordaban una felicidad que Mike consideró un acto de justicia tras tanto sufrimiento. Pero, la alegría era agridulce, ya que se mudaban en unos días; a un pueblo vecino de Nueva York con el fin de estar más cerca de los chicos y donde Hopper asumiría un nuevo cargo. Aquella visita era, en realidad, una despedida.

Hopper, con antecedentes en esa pena, fue capaz de leer el tormento que aún nublaba la mirada de Mike, así que le dio un "último empujón".

-Escucha, niño. Berny puede ser un poco cursi, pero es sabio. Si alguien puede ayudarte a lidiar con esto, es él -informó mientras le entregaba una tarjeta que tenía impreso lo siguiente: «Grupo de apoyo para la superación del duelo. Hospital Hawkins, ala terapéutica, sala 04»

"¿Grupo terapéutico? ¿En Hawkins?", pensó Mike, incrédulo. El ya inexistente Upside Down le sonaba más creíble.

Le resultaba difícil concebir que la terapia y aquel pueblo pudieran coexistir en el mismo espacio; un lugar donde, hasta hacía muy poco, sus habitantes habían satanizado con ignorancia un juego infantil.

-¿Desde cuándo el hospital tiene un ala terapéutica? -preguntó él, con un tono entre la ironía y el asombro.

-Ni puta idea, niño -respondió sincero, muy al estilo Hopper -. Pero conozco a Berny desde hace años. Es de los buenos.

-Hopp, es hora de irnos -intervino Joyce al asomarse a la habitación, iluminando el espacio con su sola presencia-. Debemos finalizar el trámite del camión de la mudanza..., y todavía no terminas de empacar tus decenas de baratijas -añadió esto último en un susurro. Hopper rió y se colocó de pie.

Mike le dedicó una sonrisa contenida a la mujer, aunque sus ojos no tardaron en traicionarlo, reflejando un brillo cargado de tristeza.

Los Byers ya habían marchado de Hawkins en una ocasión, pero ahora el contexto era muy distinto. Mientras Jonathan comenzaba a cosechar los frutos de su esfuerzo en la universidad, Will florecía en esa academia, sumergido de lleno en la exploración de su arte. Con el último miembro fuera de tablero, esta vez el «Game over» se sentía definitivo.

Escritos ocultos | BylerStories to obsess over. Discover now