⚜︎ 𝑣𝑒𝑖𝑛𝑡𝑖𝑛𝑢𝑒𝑣𝑒 ⚜︎

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𝐶𝑎𝑝𝑖́𝑡𝑢𝑙𝑜 29
𝐿𝑎 𝑡𝑖𝑒𝑟𝑟𝑎 𝑑𝑒𝑙 𝑑𝑟𝑎𝑔𝑜́𝑛 𝑝𝑎𝑟𝑎 𝑙𝑎 𝑑𝑖𝑠𝑐𝑜𝑟𝑑𝑖𝑎.

MABELLE

Dos años después del nacimiento
de la «llama benévola».

—¡Vuelve! ¡No estás pensando con claridad! —gritó Ari, pero ya estaba muy lejos como para escucharla.

Sus palabras me llegan con la nitidez de un enanito blandiendo su espada contra el viento, sólo que no quiero prestarle atención. Sus advertencias en el aire son atrapadas por un travieso duendecillo verde, y no llegan a meterse en mis oídos. No miro atrás, confiando en que la misma criaturita impedirá cualquier cosa.

Ella, por siguiente, sube a su flygger con la velocidad de un rayo. Poolme se desplaza, rompiendo el viento y las cualidades que el tiempo puede tener. Se acercan, y de igual manera, mantienen una distancia prudente de mí y el vínculo bajo mi peso.

—¡Si de verdad nos quisieras, estarías de acuerdo conmigo y me apoyarías en esto!

Las lágrimas nublan mi visión, y me aferro al pelaje de Lily, forcejeando con el llanto hasta que gana la pelea y rueda por mis mejillas. Bueno, no sé si lloro. La sensación es confusa. Con las perlas borrosas, no enfoco la luna, solo vislumbro una gran rueda de queso a la que le falta la mitad. ¿Se sentirá triste sin su mitad? No sé si lloro, no sé si lloro... Porque yo sí tengo a un enanito cavando un hoyo en mi corazón.

—¡Mabelle, reacciona!

Con un brinco de Poolme en el aire, queda a mi altura, lanzando el silbido de una flecha. Sus perlas marrones chispean en emociones que relatan la danza de una llama creciendo en su interior. Habla sin hablar, el aleteo de su vínculo bajo su cuerpo dice más que su boca, y no la entiendo.

Debería apoyarme, esto salvará a Yvett.

—¡Tengo que ir a Solmar!

—¡Por todos los cielos! —vociferó, hastiada—. Morirás antes de tan siquiera encontrar a Kuro.

—Al menos moriré intentando. Tú te has rendido sin tratar de salvarnos, ¡y eso es cobarde!

Con mis palabras, sale desprendido un bichito que cambia su expresión de piedra por una de conmoción. Comienza a cavar en su interior, pero no me arrepiento de ponerlo ahí. En lo profundo de su cueva, se encierra más hacia dentro, creyendo que así puede protegerse.

—Prefiero ser una cobarde que estar muerta.

—Pero, ¿podrías vivir tranquila sabiendo que pudiste hacer algo por tu familia?

—Mabelle, madura y deja de lado esa manipulación infantil que no sirve de nada. Están muertos, la «Rebelión contra las rosas» ni dió resultado ni esto hará la diferencia para que dejen de ser pedazos de piedra. Mejor vivir por ellos, que morir con ellos.

—¡No!

Tapo mis oídos, usando las palmas de mis manos como muros, y unos enanitos custodian la entrada con lanzas amenazantes, impidiendo que pentren las palabras de Ari. Ella, entornando los ojos, me obliga a apartar la mirada. Niego repetidas veces, aferrándome a la idea de que se equivoca, colgando de una soga en dirección al vacío. No es verdad, no es verdad. Falso: falso es.

—¡Viven! ¡Viven! —Alzar la voz contra su equivocación es el único modo de protegerme.

Un espasmo sacude mi cuerpo, y aferro las piernas a los costados de mi flygger, buscando apoyo para no caer. Los algodones de azúcar en el cielo, bajo nosotros, se estremecen ante la expectativa. Pero no permito que me atrapen con sus diminutas garras y los afilados colmillos de caramelo.

LA REINA DE LAS ROSAS (Saga Somnus #4) Where stories live. Discover now