Sophie
No solo odio mates por la mañana en un lunes, si no una persona especialmente odiosa, Alexander Winclair. Es tan irritable, porque desde el último campeonato Nacional de esgrima, que gané yo, no me para de decir que fue suerte de principiante y que la medalla de oro no me la merecía. Él no sabe todo el fucking esfuerzo que hice.
Tampoco es que yo tenga amigos para que ellos me ayudan y me motivan, lo único que me ayudó a seguir adelante fue mi amigo de internet. Sí, podía ser perfectamente un señor viejo fingiendo saber usar internet.
Al menos eso repito cuando me siento en el banco del vestuario, y me quito las zapatillas con rabia. Todo me duele. Las piernas, la cabeza y más que nada lo que dijo Alexander después de la entrega de medallas
— Solo fue suerte de principiante — No paró de decir eso hasta que medio instituto lo sabía — Si el referee no te hubiera tenido favoritismo, yo ganaba.—
Tres años sin mi padre y mi madre trabajando día y noche para que me pueda pagar la escuela y el club. Y él viene a decirme que soborne al referee. Como si no supiera que cada día llego a clases con ojeras de estar practicando todo la noche para poder perfeccionar mis movimientos y estrategias.
No tengo muchos amigos, Ethan lo intenta, seguramente se siente obligado a "cuidarme" por mi hermano mayor, es su mejor amigo, pero casi ni hablamos, prefiere estar con sus amigos.
El único que me pregunta si he dormido algo es xd-3. Ese es su usuario, nunca me ha dicho como se llama tampoco le he preguntado, es mi amigo de internet.
— Sigues aquí—
Levantó la vista. Alexander está en la puerta del vestuario de chicas. Todavía con el chándal del instituto, la mochila al hombro. Me mira como si yo fuera un problema que no se va.
— ¿Qué quieres Alexander?—, digo. Mi voz sale más cansada de lo que quiero.
— Que cierres la taquilla— , responde. Señala mi taquilla abierta. —Si te roban algo, luego lloras.
Pongo los ojos en blanco. — No tienes nada que robar. Ni siquiera la medalla, es mía—
Él se queda quieto un segundo. Veo que se le tensan los músculos. Algo pasa por su cara. Irritación. Culpa. Ni idea.
— Fuiste a por todo en el último segundo, — dice de repente. Bajo. — Por eso ganaste, no fue suerte.—
Me quedo helada.
— ¿Me estás dando la razón? ¿Ahora? ¿Y por qué no lo dijiste delante de todos?— suelto antes de pensarlo.
— Porque no soy estúpido— contesta. Se encoge de hombros. — Y porque me jode que me ganes— .
Se da la vuelta y se va. Sin esperar respuesta.
Me quedo ahí parada con los zapatos cordados a medias y la cabeza hecha un lio.
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Cuando llegue la primavera
RomanceSophie es una chica fuerte y decidida, cada que tiene una meta va a por ello sin distracciones y no se deja vencer. Desde que su padre le llevó a unas clases de esgrima en Francia decidió llevar ese deporte a profesional. Ganando muchas medallas por...
