El viento nocturno de la campiña inglesa arrastraba consigo un frío que calaba hasta los huesos. No era el tipo de frío al que Izuku Midoriya estuviera acostumbrado no era el aire acondicionado del aula 1-A, ni la brisa marina de la costa de Japón. Era algo más antiguo, más profundo. Como si la tierra misma exhalara un suspiro helado.
Izuku ajustó el cuello de su chaqueta verde mientras caminaba por un sendero de tierra flanqueado por árboles retorcidos cuyos troncos parecían figuras agonizantes bajo la luz plateada de la luna. Llevaba tres semanas en el Reino Unido como parte del programa internacional de pasantías de la U.A., asignado a una pequeña agencia de héroes en las afueras de Londres. Era una oportunidad que All Might personalmente le había recomendado aceptar.
All Might: El heroísmo no tiene fronteras, joven Midoriya" *le había dicho con su sonrisa característica* "Verás cosas diferentes allá afuera. Cosas que ampliarán tu perspectiva."
Lo que All Might no le había dicho era lo increíblemente solitarias que serían las noches.
Su teléfono vibró en el bolsillo. Izuku lo sacó - era un mensaje de Uraraka.
"¡Deku-kun! ¿Cómo va todo por allá? Aquí llueve mucho. Tsuyu-chan dice que le mandes fotos de los castillos. ¡No te desveles!"*
Sonrió, un pequeño calor en medio de la oscuridad. Estaba a punto de responder cuando un sonido cortó el silencio como un cuchillo.
Un grito.
No. No un grito. Un *aullido*. Desesperado, agudo, desgarrador - el tipo de sonido que solo produce una garganta humana cuando el terror más absoluto toma el control del cuerpo.
El teléfono casi se le resbaló de las manos. Sus piernas se tensaron por instinto, el One For All hormigueando bajo su piel como una corriente eléctrica que reconocía el peligro antes que su cerebro.
Izuku: ¡¿Qué fue eso?!
El grito provenía del pueblo de Cheddar, una pequeña localidad a unos dos kilómetros al norte de donde estaba. Se suponía que era un lugar tranquilo casas de piedra, un pub viejo, una iglesia del siglo XVIII. Nada especial.
Izuku: *mente: Un héroe no duda, se repitió mentalmente, y sus piernas comenzaron a moverse*
Corrió. El Full Cowling al cinco por ciento envolvía su cuerpo con venas de energía verde esmeralda que brillaban tenuemente en la oscuridad, impulsándolo a una velocidad que hacía que los árboles a su alrededor se convirtieran en manchas borrosas. En menos de tres minutos, las primeras casas del pueblo aparecieron ante él.
Y algo estaba terriblemente mal.
Las calles estaban vacías. No había luces en las ventanas. No había sonido de televisores, ni ladridos de perros, ni el murmullo lejano de conversaciones nocturnas. Solo silencio. Un silencio denso, pesado, *antinatural*, como si alguien hubiera bajado el volumen del mundo entero.
Izuku: Esto no es normal... *murmuró, y su voz sonó demasiado alta en aquel vacío*
Entonces lo escuchó de nuevo. No un grito esta vez, sino pasos. Rápidos, torpes, frenéticos. Alguien corría hacia él.
Izuku adoptó una postura defensiva, los puños levantados, la electricidad verde crepitando suavemente entre sus dedos. De entre las sombras de un callejón emergió una figura tropezando, casi cayendo al suelo.
Era una chica. Joven, probablemente de su edad o un par de años mayor. Rubia, con el cabello corto y desordenado. Vestía un uniforme azul oscuro de la policía británica, aunque la gorra se le había caído en algún momento de su carrera y la camisa estaba manchada con algo oscuro que Izuku rezó para que fuera barro. Sus ojos grandes, azules, aterrados se clavaron en él como los de un animal acorralado.
