PRÓLOGO

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La historia de los ángeles caídos


Hace siglos y siglos, en los tiempos celestiales, doscientos ángeles vigilaban el planeta Tierra. Eran conocidos como los Vigilantes, seres espirituales que cargaban con la sagrada responsabilidad de guardar a los humanos que habitaban en este mundo. Sin embargo, al contemplar la belleza de las hijas de los hombres, el deseo se apoderó de ellos. Las codiciaron y decidieron tomarlas para sí.

Shemihaza, el líder de los Vigilantes, los reunió en la cumbre del monte Hermón. Respaldado por Harmoni y otros ángeles, instó a sus hermanos a sellar un juramento inquebrantable para llevar a cabo el morboso plan; así él no cargaría solo con toda la responsabilidad. 


Los gigantes

Todos tomaron mujeres para sí, se acostaron con ellas y les engendraron hijos. De este modo, los vigilantes manipularon la genética humana establecida por el Elyon al procrear gigantes. Para saciar su hambre voraz, estas criaturas lo devoraron todo a su paso: plantas, aves, insectos y animales. Pero lo más aberrante ocurrió cuando empezaron a comerse a los mismos humanos.

Pero este no fue el único pecado de los vigilantes.

No conforme con el mal que ya habían sembrado, tambien arrastraron a la tierra una oscuridad aún más profunda: la hechicería, enseñando a sus mujeres la magia y conjuros con todo tipo de hierbas.

Ante la atrocidad, el Elyon intervino. Envió a sus arcángeles: Mijael, Gavriel, Refael, Sariel, Uriel y Rahuel, con una orden implacable.

Los arcángeles encadenaron a los ángeles caídos y los encarcelaron en cuevas profundas, ocultas en valles secos y pedregosos de la tierra, en una dimensión paralela. 

Aquellas oscuras cavernas sirvieron como sus calabozos durante setenta generaciones; un encierro de siglos que aún no acaba, luego saldrán solo para recibir la condena final en las prisiones eternas.

En cuanto a los gigantes, el decreto fue la muerte. Al haber sido hijos nacidos de ángeles caídos y mujeres mortales, no pertenecían a ningún reino: no se les permitió habitar en el cielo porque no eran cien por ciento espíritu, y tampoco se les permitió quedarse en la tierra porque no eran cien por ciento carne.

Una vez muertos, se transformaron en los espíritus malignos que el mundo conoció como Nefilim. Con aspectos espantosos, estas entidades vagan hasta hoy entre la tierra y el cielo, dedicados a espantar y atormentar a los humanos.

Nota de autora: Espero disfrutes esta historia...

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