CAPÍTULO 1

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La Nación del Fuego seguía sangrando después de la guerra.

Katara sintió apenas cruzó las puertas del palacio.

Todo brillaba demasiado:
las columnas doradas,
los pisos impecables,
las telas rojas ondeando como fuego domesticado.

Hermoso.
Agotador.

Habían pasado meses desde el final de la guerra y aun así el ambiente seguía sintiéndose tenso, como si el mundo estuviera esperando descubrir si la paz iba a durar... o volvería a romperse en cualquier momento.

En medio de este gran escenario estaba Zuko.
Si inconfundible cabello y su mirada penetrante. Vestía como un verdadero príncipe pero todo ese brillo lo hacía sentir artificial, parecía una escultura de oro que decoraba la habitación como una estatuilla más. Lo cual le parecía a katara curioso, diferente al chico que la acompañó hace algunos meses en su travesía para dominar el fuego control.

Sentado al final de una mesa larguísima, escuchando a cinco consejeros hablar al mismo tiempo zuko estaba aburrido a más no poder.

—La delegación de Yu Dao espera una apertura más tradicional.

—Los nobles del oeste consideran que el festival está siendo demasiado... flexible.

—El baile ceremonial debe transmitir estabilidad, Su Majestad.

—Ozai jamás habría—

Zuko levantó la mirada.

Silencio inmediato.

Katara sintió algo raro en el pecho. Escuchar ese nombre le hizo sentir que la sangre le quemaba la piel corriendo por sus venas. Recordó los recuerdos de aquellas estrellas que acompañaban en esos viajes los momentos tristes y dolorosos. Su mirada chocó con zuko y recordó también los buenos momentos pero dentro de ella sabía que zuko también había tenido ese amargo remordimiento que jamás se va a olvidar de lo que su padre había hecho.

Era otra cosa.

Algo parecido a ver una cuerda demasiado tensa y saber exactamente cuánto falta para que se rompa.

Zuko ni siquiera parecía enojado.
Solo cansado.

Terriblemente cansado.

La cicatriz resaltaba más cuando estaba agotado. Katara no sabía por qué había notado eso.

—se pospone la reunión —dijo él, seco.

Uno de los consejeros tragó saliva.

Otro fingió revisar unos papeles.

Katara , tomó asiento junto a al avatar, este soltó una tos disfrazando una risa. Por ver a katara llegar tarde.

Sokka directamente no se molestó en esconderla.

Pero Zuko no sonrió.

Solo se pasó una mano por el rostro y volvió a mirar los documentos frente a él como si quisiera desaparecer adentro de ellos.

Katara observó cómo sus dedos temblaban apenas.
Lo suficiente para notarlo solo si ponías mucha atención.

El festival comenzaría en tres días.

Delegaciones de las cuatro naciones llenarían el palacio música, banquete, discursos largos y tratados importantes.

Aparentemente el consejo estaba muy insistente en un baile ceremonial. Absurdo. Si se lo preguntas a zuko.

Katara descubrió esa información una hora después, cuando una mujer del personal real la confundió con alguien útil y la arrastró hasta uno de los salones de ensayo.

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