La primera carta

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Isabella POV

El primer sonido que escuche esa mañana fue la voz de Peter golpeando la puerta.

- Isabella, juro por dios que si vuelves a llegar tarde-

- Entonces reza menos y dejame dormir -murmure enterrando la cara en la almohada.

Silencio.

Dos segundos después abrió la puerta de golpe

- Son las siete veinte

Abrí un ojo lentamente

- ¿Y?

Peter me miró como si estuviera calculando si aventarme una almohada o aventarme por la ventana.

- Tienes clases.

- Que observandor

Respondí cuando me lanzo una almohada a la cara

- Muevete

Gruñi algo inentendible y me levanté arrastrando los pies. Mi cuarto parecía zona de desastre: ropa tirada, vendas de box encima de mi escritorio, envolturas de comida por todos lados y una taza de café probablemente de hace tres días.

Perfecto ambiente adolescente funcional

Me ate el cabello rápido mientras revisaba mi celular.

Nada importante... Un mensaje de entrenamiento, dos notificaciones de Instagram y cero mensajes de Andrea

Otra vez. Que sorpresa

Sentí el vacío incómodo de siempre antes de aventar el celular a la cama

Superarla estaba siendo una experiencia tremendamente hummilante

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Baje las escaleras todavía medio dormida, ya cambiada

Peter ya esperándome abajo mientras comía cereal viendo su teléfono

- Al fin bajas

Me dijo en cuanto me vio llegar a la cocina
Peter dejo su celular sobre la barra

- Vas a llegar tarde otra vez.

- La puntualidad es un invento capitalista

- Y reprobar también, al parecer

Alze la mano y le saque el dedo antes de salir de la cocina, molestar a Peter era probablemente mi deporte favorito después del box

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La escuela ya estaba llena cuando llegue.

Perfecto.

Odiaba llegar cuando todos estaban entrando, demasiada gente, demasiadas miradas, demasiados saludos falsos.

Caminé por el pasillo con los audífonos puestos a todo volumen, ignorando a todos como siempre. Cabeza alta, expresión de "no me molesten".
Cuando giré hacia los casilleros, la vi.

Anora Covey, la hermana menor de mi cuñada.

Sonreí.

Error. Grave error.

Hermana de mi cuñada o no, nunca me había caído bien del todo. Pero como mi cuerpo reacciona antes que mi cerebro, me acerqué a ella sin pensarlo dos veces.

- ¡Hey, mapache! -exclamé mientras terminaba de llegar, recargándome con despreocupación al lado de su casillero.

Anora dio un pequeño respingo y cerró su casillero un poco más rápido de lo normal. Giró la cabeza hacia mí y me miró con esos ojos grandes que siempre parecían estar analizando todo.

Honney & CigarettOnde histórias criam vida. Descubra agora