—Te van a matar algún día por idiota.
—Probablemente.
Draven sonrió orgulloso mientras seguía caminando como si no acabara de robar una fruta frente a medio mercado.
Kaien soltó un suspiro cansado detrás de ellos.
—No entiendo por qué sigo saliendo con ustedes.
—Porque nos amas —respondió Draven inmediatamente.
—No. Porque si los dejo solos terminan incendiando algo.
Draven levantó una ceja.
—Eso pasó una vez.
Eryx habló sin siquiera mirarlos.
—Tres.
—dos.
El mercado seguía lleno alrededor suyo.
Personas gritando.
Niños corriendo.
Comerciantes intentando vender cualquier cosa.
Normal.
Todo normal.
Excepto por las enormes estatuas destruidas de dioses rodeando la ciudad.
Restos del pasado.
La mayoría ya estaban rotas.
Sin cabeza.
Sin brazos.
Como si el mundo hubiera intentado olvidarlas.
—¿Escucharon lo de anoche?
Kaien habló más bajo esta vez.
Draven dejó de morder la fruta un segundo.
—¿Lo del portador?
Kaien asintió lentamente.
—Dicen que encontraron otro.
El ambiente cambió apenas entre los tres.
Muy poco.
Pero lo suficiente.
Eryx metió las manos en los bolsillos mientras seguía caminando.
—También dicen que los dioses vuelven cuando hay eclipses.
La gente habla demasiadas estupideces.
Draven soltó una pequeña risa.
—Ah sí, claro.
Porque obviamente nosotros no conocemos ningún portador.
Kaien le dio un codazo inmediato.
—Baja la voz, imbécil.
—Relájate.
Nadie escucha.
Eryx observó apenas alrededor.
Soldados.
Sacerdotes.
Personas normales.
Y en cada pared...
el mismo símbolo.
Un círculo dorado atravesado por una espada negra.
La Orden del Juicio Divino.
Los cazadores de portadores.
Debajo del símbolo había un cartel nuevo.
"ENTREGUEN A LOS PORTADORES.
