Prologo

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Alice Crouch siempre creyó que Hogwarts sería suficiente para cambiarle la vida

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Alice Crouch siempre creyó que Hogwarts sería suficiente para cambiarle la vida. Y, en cierto modo, lo fue, porque entre los pasillos del castillo, las noches interminables y la libertad que parecía esconderse detrás de cada rincón, resultaba mucho más fácil olvidar por un rato el peso de ciertos apellidos. Aunque algunos jamás desaparecían realmente.

Ser una Crouch significaba crecer rodeada de expectativas, reglas silenciosas y una familia que ya tenía decidido cómo debía verse su futuro. Barty, su hermano, parecía haber aprendido desde pequeño cómo encajar perfectamente dentro de todo aquello; Alice, en cambio, siempre sintió que había algo dentro suyo empujándola hacia lugares donde no debía estar. Y Hogwarts terminó empeorando eso, especialmente cuando ciertas personas comenzaron a aparecer constantemente en su vida.

James Potter fue el primero.

Era imposible no fijarse en él. James tenía esa clase de energía que volvía todo más fácil: hacía reír a cualquiera, llenaba las habitaciones apenas entraba y quería a las personas con una intensidad imposible de ocultar. Alice comenzó a acercarse a él porque, de alguna manera, James parecía seguro. Fácil de entender. Incluso cuando insistía en seguir enamorado de Lily Evans, había algo cómodo en su compañía, algo que hacía pensar que elegirlo sería sencillo.

El problema fue que Sirius Black apareció en el medio.

O quizás siempre había estado ahí.

Porque mientras James brillaba de una forma evidente, Sirius era distinto. Más difícil. Más desordenado. Hogwarts entero hablaba sobre él como si fuese una mezcla entre fantasía y desastre: el chico arrogante que rompía reglas con la misma facilidad con la que rompía corazones. Y Alice quiso mantenerse lejos precisamente por eso. Sirius no parecía alguien capaz de quedarse demasiado tiempo al lado de nadie.

Sin embargo, cuanto más intentaba ignorarlo, más imposible se volvía hacerlo.

Porque Sirius comenzó a mirarla como si pudiera entender cosas sobre ella que nadie más notaba, y Alice terminó atrapada entre dos personas completamente diferentes: James, que representaba todo lo sencillo y seguro, y Sirius, que parecía un problema del que no podía dejar de acercarse.

Y ahí comenzó el verdadero desastre.

Porque los tres terminaron atrapados en un triángulo imposible de manejar mientras Alice y Sirius insistían en negar lo evidente. Ella fingía que solo se trataba de atracción o curiosidad; Sirius escondía todo detrás de bromas, silencios y una actitud despreocupada que llevaba años perfeccionando. El problema era que James también comenzó a notarlo, y Sirius, incapaz de traicionar a su mejor amigo, prefirió tragarse lo que sentía antes que arriesgarse a lastimarlo.

Pero las cosas explotaron igual.

Entre confesiones a medias, discusiones, celos y sentimientos que llevaban demasiado tiempo creciendo, Alice terminó descubriendo que detrás de toda la arrogancia de Sirius existía alguien muchísimo más roto de lo que aparentaba. Porque Sirius Black sabía coquetear, besar y hacer que las personas se enamoraran de él sin demasiado esfuerzo, pero jamás había aprendido a quedarse cuando alguien lo amaba de vuelta.

Y eso terminó convirtiéndose en el verdadero problema de toda la historia.

Sirius y Alice quedaron atrapados en algo mucho más complicado: familias interfiriendo, rumores creciendo por Hogwarts y un miedo constante que Sirius jamás supo manejar del todo. Incluso Regulus Black, el hermano que Sirius insistía en odiar, terminó entendiendo algo que él mismo no podía aceptar: Alice era una de las pocas cosas que realmente habían logrado hacerlo feliz.

Pero Sirius llevaba demasiado tiempo creyéndose incapaz de amar correctamente.

Y, a veces, las personas más acostumbradas a huir son también las que más desean quedarse.

Entre miradas y silencios ~Sirius BlackHistórias para pegar e não largar. Descubra agora