El accidente ocurrió un martes.
Y durante mucho tiempo, Daniela odió los martes por eso.
No por superstición. No porque creyera en señales absurdas o en destinos escritos. Los odiaba porque desde entonces todos los martes le parecían iguales: fríos, grises, suspendidos en una sensación constante de pérdida.
Antes de ese día, su vida tenía una dirección sencilla.
María José.
Todo apuntaba hacia ella.
La boda estaba a un mes de ocurrir y el pequeño apartamento que compartían cerca de la universidad parecía incapaz de contener toda la vida que estaban construyendo juntas. Había pinceles abandonados en la cocina porque Daniela juraba que la luz de la mañana era mejor ahí para pintar, y libros de medicina abiertos sobre el sofá porque María José estudiaba incluso mientras cenaba.
Vivían cansadas.
Ridículamente enamoradas.
Y felices.
Tan felices que a veces daba miedo.
Daniela todavía podía recordar el sonido exacto de la risa de María José cuando se probó el vestido de novia por primera vez. Cómo giró frente al espejo del pequeño atelier mientras decía que se veía "demasiado señora elegante" y luego terminó llorando porque Daniela no dejaba de mirarla.
- ¿Qué? <había preguntado María José riéndose nerviosa>.
Daniela no respondió enseguida.
Porque honestamente no sabía cómo explicarle que cada vez que la miraba sentía exactamente lo mismo: la absurda certeza de haber encontrado algo irrepetible.
Así que simplemente se acercó, la tomó por la cintura y besó su frente.
- Nada <susurró> Solo estaba pensando que quiero mirarte así toda la vida.
Y María José...
Dios.
María José la había amado de una forma tan limpia en esa época.
Sin miedo.
Como si el futuro fuera una promesa garantizada.
El accidente ocurrió exactamente veintisiete días antes de la boda.
María José salía del hospital después de un turno de treinta horas cuando un conductor borracho cruzó un semáforo en rojo.
Daniela nunca logró recordar quién la llamó primero. Durante años intentó reconstruir ese momento exacto y siempre terminaba igual: ruido. Voces mezcladas. El mundo perdiendo forma demasiado rápido.
Lo único que sí recordaba con claridad era el hospital.
Las luces blancas.
El olor antiséptico.
La sensación de no poder respirar mientras esperaba noticias.
Y luego...
la voz del médico.
Lesión medular.
Daño severo.
Pronóstico reservado.
Había palabras que parecían demasiado grandes para existir dentro del cuerpo de una persona de veintiséis años.
Cuando finalmente dejaron verla, María José estaba despierta.
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La forma en que aún te amo
FanfictionHubo un tiempo en que María José Garzón y Daniela Calle creían que el amor era suficiente para sostener cualquier cosa. Y quizás lo era. Hasta que la vida ocurrió. Ocho años después de una despedida que ninguna de las dos logró superar realmente, el...
