Arribo

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El viaje fue más o menos relajado después de eso, Diosito tuvo que llevar ambas armas, la suya y la de James porque el colombiano estaba embobado con la chica y parecía no poder mirar más allá de ella. El rubio estaba echando fuego por la nariz, pero no volvió a decir mucho, después de todo no estaba en posición de reclamarle nada luego de lo que pasó en la terraza.
En algún momento su mirada se cruzó con la de Miguel y aquello lo hizo sentir mejor, esos ojos siempre lo reconfortaban. Además esa boca le hacía recordar el sabor de sus besos, y la culpa que le correspondía por el amor que sentía hacia él. Todo eso compensaba de alguna forma el comportamiento tan cínico del colombiano con la pendeja esa.
Diosito pensaba que luego de esto la infidelidad y el incidente de su último encuentro sexual con el nombre de Miguel, estarían a mano para siempre. Ya no volvería a sentirse culpable jamás. Así que por ahora lo dejaría disfrutar de la virgen concha de Luna frotándose contra su verga, al fin y al cabo estaban por deshacerse de ella y no volverían a verse jamás. Miguel, en cambio, se quedaría con ellos, se quedaría con él, solo con él.
—¿Cuánto falta? —dijo Luna de repente —Quiero ir al baño
—Ya me lo sé ese truco pendeja —se rio Diosito aspirando una tirita de coca —Meate acá, meate en el Yames, ya que le tenés toda la verga parada.
James le dedicó una mirada de reprobación. Miguel le quitó los auriculares.
—Aguantá un poco nena, ya casi llegamos —le dijo
—No, de verdad quiero ir, no me aguanto más
—Meate entonces —dijo Diosito
—¡No quiero mear acá, llévame a un baño!
—¿Por qué no paramos un toque...?
—¡No me rompás las bolas, Miguel, no paramos un carajo! ¿No ves que es un truco? Que esta mintiendo.
—Bajá un cambio, boludo ¿cuál es tu problema? La bajamos a la piba en una orilla y que lo haga rápido.
—¿Sos salame Miguel? ¡Es una mentirosa la putita esta!
—Es una nena pelotudo, dejála orinar ¿tanto te cuesta...?
—¡Que importa eso! Estamos en medio de una operación, gil. No podemos parar.
James suspiró.
—Aguante un poquito hermosura, mire que ya falta muy poco
—No, no me aguanto más James, de verdad
—Meate encima entonces —se rio Diosito
—James... no me aguanto más
—No se preocupe que falta muy...
—James... —Luna se separó ligeramente de él
—¿No tenés un cubo? —Miguel empezó a buscar —¿Una botella, algo?
James hizo un movimiento extraño y trató de apartarla muy rápido, pero luego se quedó quieto y soltó un bufido.
—¿qué...?
Diosito soltó una carcajada.
—¡No jodás loco, pensaba que era mentira! —se rio —¡Te meó todo, viste que te pasa por hacerte el cheto!
Miguel negó con reprobación.
—¿Por qué no te callas un poco, y dejás de tomar esa mierda que te está dejando más pelotudo?
Luna empezó a llorar de nuevo. Diosito miró a Miguel, ¿por qué le estaba diciendo eso? ¿Es que estaba preocupado por él? James suspiró y la abrazó de nuevo contra su cuerpo, de todas formas ya estaba mojado.
—Perdón... —sollozó ella
—Ah, no pasa nada —dijo James —No pasa nada, es ropa nada más. Al ratico le doy algo pa que se cambie.
—Te mojé...
—No pasa nada
Miguel asintió.
—Ponéle los cosos esos —dijo Diosito
—¡No me toqués hijo de puta! —espetó Luna
James le acarició el cabello y tomó los auriculares para ponérselos. Miguel miró a Diosito.
—¿Que te pasa? —le reclamó —¿Por qué te portas así? Es una nena
—¿A vos que te pasa que te pones de su lado gil? ¿No ves que es una chorra la putita esa? ¿No ves lo conchuda que esta de lo más lindo ahí frotándole la concha a mi novio? Y encima vos te pones de su lado.
—Vos no tenés un lado, pelotudo. Es una nena, deja de meterte con ella.
—Es una cagona, Miguel... pará que luego te va a cagar encima eh Yames, por traidor, por dártela' así de cheto que te la querés culear.
—Dejá de tomar esa mierda, te está jodiendo la cabeza, papá, en serio.
—¿por qué, te gusta también a vos eh Miguel, te gusta la puta?
—No me rompás las bolas hermano, dale
—Es eso ¿no? Que te gusta para vos la puta esta, te gusta también como la Molinari.
—¿Que decís?
—Sos vos la puta Miguel, sos igual que todas acá, son todas igual de putas en San Onofre, así que vos como el colombiano que me pone la guampa en la jeta.
—¿A mí me dijiste puta? —se ofendió Miguel
—Sí, puta te dije
—¿por qué no te vas un poquito a la mierda?
—Ah, me va a putear ahora ¿no?
—¡Cállense ya maricones! —se enfadó James —Barney ¿cuánto falta, parcero?
—Estamos llegando —dijo Barney
—¿Viste? Si yo le dije que faltaba poco, si se hubiese aguantado un toque...
—Ya está bien, cortála con eso —dijo Miguel
—Ya bueno Juan Pablo, deje ya de mariquear, los quiero es bien pilas allá afuera ¿oyó? Y usted tombo marica, usted se va a encargar de la peladita ¿entendió?
—Bueno —dijo Miguel
Diosito intentó tomar otro poco de coca pero Miguel le arrebató la bolsita.
—¿qué hacés?
—deja eso ya
Diosito hizo un mal gesto pero se aplacó. James se enojó un poco, él nunca había podido quitarle así la merca, Diosito nunca lo escuchaba al respecto, pero llegaba este tipo y solo lo obedecía como si fuera su jefe, ni siquiera con Mario se volvía tan sumiso.
Barney miró por el retrovisor preocupado, la junta de allá atrás empezaba a parecerle una bomba de tiempo.
—Che, Diosito —llamó Mario por el handi —¿Como venimos?
—Ya falta poco —dijo Barney
—Dice el grandote que falta poco, qué sé yo —respondió Diosito de mala gana.
—Si, te voy siguiendo con el monitor
—Che pará ¿dónde está el gordo ese, Marito? El gordo Upite
—No sé. Pará que ahora le llamo.
—Dale
Pasaron unos segundos antes de que Mario volviera a llamar, para entonces estaban tan cerca que no quedaba más remedio que entrar sin ellos.
—Tuvieron una complicación —dijo Mario —Ya van para allá ahora, empezá vos allá, ¿dónde está James? Ponéme con él
—Ahora vamos a terminar la nuestra, Mario —dijo Diosito —ahí te lo pongo al traidor.
James tomó el handi y lo acercó a su boca.
—¿que fue Mario? Todo bien por acá, bacano.
—Mas vale ¿cómo está la pendeja?
—¡Toda meada! —se rio Diosito
—Está bien —dijo James —Acá todo pinta patrón
—Bueno, ponéle manija
—Sisas
—Ahora cuando sepa dónde está el gordo te aviso, mientras tanto encuentren un sitio para la piba. Te llamo a vos al celular.
—Listo
Diosito tomó el radio para reírse.
—¡En un cagadero ponéla, Marito, ahora se nos va a cagar toda como se meó!
—Ya Juan Pablo deje de mariquear
—¿Qué te pasa mandibulín? —preguntó Mario por el radio — ¿otra vez estas duro como el mármol?
—¿Que te pones a decir giladas puto? No ves que estoy laburando yo.
—Bueno, entonces tranquilizáte, no podemos estar más nerviosos, no puede salir mal esta operación.
—Si por eso que lo pusiste a cargo al traidor este ¿no?
James le arrebató el aparato.
—Ya llegamos —informó
La camioneta se abrió paso por el campo, había un par de ciguatos cerca de la maleza, nada que Diosito pudiera reconocer a simple vista. No recordaba que la quinta de Antín luciera de esa forma.
—Che pará ¿dónde carajo estamos?
Diosito intercambió una mirada nerviosa con Miguel. James sonrió.
—¿Que pasa solcito? ¿Hay algún problema?
Diosito analizó la sonrisa de James, era la misma sonrisa con la que le había confirmado que fue él quien liberó a Pantera.
—¿Qué hiciste?
Miguel alzó una ceja preocupado.
—Abejas, huevones —dijo el colombiano mientras la camioneta se detenía —Ya llegamos.
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*Una disculpa por perder mi contraseña de la otra cuenta*

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⏰ Last updated: May 12 ⏰

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