Han pasado diez años desde que me gradué de la secundaria. Podría decir que fue una de las mejores y más confusas etapas de mi vida. Aunque solía extrañarla mucho, no me he alejado del todo de las aulas, ya que ahora trabajo en una escuela como profesor.
Recuerdo que sentía mucha admiración por Otogiri-sensei; él fue mi inspiración para dedicarme a la docencia. Pensaba que sería solo una fase, pero una vez que investigué más sobre la vocación, realmente me llamó la atención.
Aún guardo recuerdos de la secundaria: mis amigos, las bromas, las risas, los momentos compartidos y, por supuesto, los tragos amargos. Sin embargo, hay ciertas imágenes que se quedaron grabadas en mi mente incluso después de tanto tiempo.
Uno de esos recuerdos era mi excompañero de clase, Nakamura. Recuerdo nuestras interacciones y cómo ese chico, que parecía tan tranquilo y tímido, captaba mi atención lo suficiente como para acercarme a hablar con él. Pero, por alguna razón, estar con él me hacía sentir raro: aleteos en el pecho, ganas de estar más cerca y reírme de cualquier tontería que dijera, aunque no tuviera gracia alguna.
Jamás pude indagar más en esos sentimientos; nos graduamos y quedamos como amigos, aunque nunca lo volví a ver. Lo único que conservaba de él era el llavero de cangrejo que me había regalado, el cual llevaba colgado junto a mis llaves.
Me había deshecho de muchas cosas del pasado, incluidos regalos de antiguos amigos molestos como Takeuchi y Mukai que solo acumulaban polvo. ¿Pero este llavero? Se sentía especial y fui incapaz de tirarlo.
— ¡Hirose-sensei!
La voz de uno de mis alumnos me devolvió a la realidad del salón de clases.
— Oh, ¿sucede algo? —pregunté con una cálida sonrisa.
Una de mis alumnas se acercó, visiblemente emocionada.
— Ya todos hemos tomado una decisión sobre a dónde iremos de excursión. ¿Verdad? —miró al resto de la clase, que asintió con entusiasmo.
— ¡Al acuario, al acuario! —gritaron casi al unísono.
Solté una pequeña risa. Tenía preparada una excursión para mis estudiantes y, aunque pensé en un museo, preferí dejarlos elegir a ellos. Solo así sería realmente divertido.
— El acuario suena bien, pero espero que realmente quieran ir para aprender sobre biología marina.
— ¡Sí, lo juramos! -exclamaron.
_ ¿Y se comportarán?
— ¡Síii!
Suspiré, fingiendo dudarlo, como si no hubiera sido yo quien les dio el acuario como opción.
— Está bien... —cedí con falsa resignación.
Después de mi turno, regresé a mi apartamento. No había nadie esperándome, así que podía simplemente relajarme... si no tuviera trabajo, claro. Saqué las llaves y abrí la puerta. Como ya era costumbre, el único sonido fue el eco del cerrojo y el interruptor de la luz.
Dejé mis cosas en la mesa y fui a mi habitación.
— Ojalá pudiera simplemente ponerme el pijama y dormir —me dije.
Pero tenía que revisar tareas y preparar la excursión de mañana. ¡Qué ingenuo fui al pensar que ser profesor era solo sentarse y copiar un libro en la pizarra! Me preparé un café y me senté a revisar proyectos.
Mientras pasaban las horas, mi mente empezó a divagar. Mañana iríamos al acuario...
Ese lugar me traía recuerdos de cuando fuimos de excursión con el grupo de la secundaria. Fue genial, especialmente cuando decidí seguir a Nakamura. Verlo solo me hizo sentir que necesitaba compañía. No solo el oírlo hablar de los pulpos con tanto conocimiento me hizo contener la respiración, sino que sentí que algo dentro de mí cambió ese día; lo suficiente como para confiar en él y contarle más sobre mí.
YOU ARE READING
Corrientes Cruzadas
FanfictionHan pasado diez años desde que el timbre de la preparatoria sonó por última vez. Los nervios juveniles y las confesiones interrumpidas quedaron guardados en viejos cuadernos, mientras la vida obligaba a Nakamura y Hirose a navegar por aguas diferent...
