Dijiste que te sorprendió verme tan calmada, como si mi cuerpo y alma se hubiesen esfumado. Lo que no sabías en ese momento, era que mi cerebro maquinaba a mil por hora, era tanta información que no sabía como moverse o actuar, sonreía timidamente y observaba tu rostro tímidamente, te amaba tanto que prefería que me vieras siempre en paz y tranquila, calmada, siempre para darte paz, siempre en silencio, porque tu riqueza era mi riqueza, porque tu dolor era mi dolor, porque tu amor era el mío, al menos eso quise pensar, amar para mi era tan fácil como odiar o vengarme, pero, como siempre, perro que ladra no muerde, al menos eso decía la emperatriz, aquella que me juzgaba por ser una cortesana de baja cuna, lo que ellas no sabían, es que en cada noche que me veías, podías soltar tu dolor, tu calma, tu amor, y tu odio hacia lo demás, conmigo eras libre y yo era tu aprendiz más fiel. Una cortesana que aprendía de sus clientes más fieles, aquellos que darían oro y plata por estar conmigo.
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Los cuentos de la Cortesana Giselle
FantasyEntre velas encendidas, secretos enterrados y promesas manchadas de deseo, Giselle es mucho más que una simple cortesana. Tras una sonrisa serena y una mirada tranquila, esconde una mente que nunca descansa y un corazón marcado por el amor, la ambic...
