"No quiero que mi hermana termine en servicios sociales"
Mara hizo una pausa, restregó su rostro con sus manos y miró la nada frente a ella una vez más. Su café estaba frío, su tarea del día no se había completado, su celular no dejaba de recibir llamadas y mensajes. Era como una pesadilla, una de la que no podía despertar, estaba todo tan fuera de sí, pero al mismo tiempo, estaba inmersa en el caos.
Mara amaba a su hijo, su ya no tan pequeño muchacho de 16 años por quien se había quemado las pestañas, por quien había sacrificado tanto y seguiría haciéndolo, pero esta vez, por primera vez, Mateo estaba pidiendo demasiado.
"Eres la única persona que puede salvarla"
Salvar..., salvar a una niña de nueve años. Una niña con la que no tenía ningún tipo de lazo sanguíneo, pero quien estaba vinculada a su vida por ser la media hermana de su hijo. Mara sentía lástima de la pobre niña, ya no le quedaban muchas opciones, pero no quería condenarse, no por segunda vez, no cuando todo parecía marchar tan jodidamente bien. Se había sentido lo suficientemente alejada de la tragedia durante tres largos años, tanto que nunca se había planteado tal dilema, quedar ella a cargo de una niña que apenas y conocía, para quien no significaba nada en su vida, Mara nunca estuvo involucrada en sus eventos importantes, ni siquiera conocía la fecha de su cumpleaños, solo había procurado que no se perdiera la conexión entre ella y Mateo pese a la repentina partida de Ricardo, pero no podía ser más benevolente que eso.
—Tiene abuelos —le recordó su padre al verla llorar cuando Mara acudió a ellos para aplacar los demonios que no la dejaban dormir. Quería ser egoísta, pero sabía que su hijo no la perdonaría.
—Los padres de Ricardo no fueron una opción desde el principio, no tenían y aún no tienen las condiciones para el mínimo cuidado de una niña, y sus abuelos maternos acaban de perder la custodia.
—Ni después de muerto Ricardo deja de joderte la vida —espectó su padre con desprecio.
—Mateo no ha parado de llorar, y sinceramente no sé cómo consolarlo —dijo Mara con el nudo bien atorado en su garganta—. Él se siente culpable por tener una "buena vida" mientras su hermana terminará en manos del estado, quien sabe dónde, quien sabe cómo, y él vivirá con la culpa de no poder ayudarla.
—Y tú cargarás con la culpa de no apoyar a tu hijo —intervino su madre alborotando sus confusos sentimientos, Mara enterró aún más su cabeza entre sus hombros—. La decisión es solo tuya Mara, pero como están las cosas Mateo es lo único que le queda a esa niña y tú eres la encargada de Mateo.
—¿La niña no tiene un hermano? —recalcó su padre—. Recuerdo que era mayor que Mateo, si es así él ya debe ser mayor de edad, que se la quede él, tú puedes apoyar económicamente, pero hasta ahí. No considero justo que cargues con la responsabilidad de un hijo que no es tuyo solo porque Ricardo no pudo proporcionarle una red de apoyo antes de morir.
—Estoy completamente segura de que Ricardo no esperaba morir a estas alturas ni de esa manera.
—Su asesinato... —su madre dudó en comentar, pero continuó tras tomar algo de fuerza—, ¿su asesinato sigue sin resolverse?
—No lo sé, creo que al final decidieron catalogarlo como doble suicidio, ni siquiera creo que el caso esté abierto.
—¿Quieres más razones para mantenerte alejada de esa gente? —soltó su padre sin ocultar su molestia—, mantente lejos de esa gente.
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Memorias en Rojo
RomanceMara, una madre soltera, termina con la custodia de una pequeña de nueve años luego de que sus abuelos ya no puedan cuidarla más. Su vículo más cercano con la niña es su propio hijo, hermano paterno de Daniela; y el vículo peligroso al que terminan...
