"Le llevé mariachis para decirle adiós"

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El aire de esa noche pesaba, cargado con la humedad de una lluvia que se negaba a caer. Todo estaba listo: el vuelo salía en tres horas, una huida hacia adelante porque el corazón ya no me cabía en el pecho dentro de este código postal. Pero antes de que el mapa cambiara de forma, tenía que entregarle los pedazos de lo que fuimos.
Llegué a su calle en silencio. Cuando los músicos empezaron a afinar, el primer acorde de la vihuela se sintió como una herida abierta. Era nuestra canción, la que bailamos descalzos en su cocina, la que prometimos que sonaría en nuestra boda. Esa melodía que alguna vez fue refugio, ahora era un réquiem.
Ella salió despacio. Al verla, sentí que el tiempo se doblaba. Vi en sus ojos el primer beso en el parque, las madrugadas compartidas, los planes de nombres para hijos que nunca nacerían y la casa que dibujamos en servilletas. Se rompió al instante. Su padre salió detrás y me puso una mano en el hombro, apretando con una fuerza que decía "yo también te voy a extrañar", mientras sus hermanos bajaban la cabeza, incapaces de sostenernos la mirada.
Le llevé mariachis a mi ex y les hice cantar esa canción. En la puerta de su casa lloramos delante de sus padres y hermanos; fue un llanto desgarrador, de esos que te quitan el aire porque no solo llorábamos por el fin, sino por la crueldad de habernos amado tanto y no haber podido salvarnos. Nos abrazamos como si quisiéramos fusionar nuestras almas una última vez, sabiendo que al soltarnos, nos convertiríamos en extraños.
Con el alma hecha trizas y un beso en la frente le dije adiós. Le regalé un detalle que siempre quiso, esa joya antigua que buscamos en mil mercados y que guardé para un futuro que se nos escapó de las manos. Se la puse en la palma de la mano, cerrando sus dedos sobre ella.
Con eso me retiré con los ojos llorosos, pero sonriendo por todo lo que viví con ella... todos esos años, todos esos momentos. Sonreí porque dolió, y que doliera así significaba que lo nuestro había sido real, puro y devastadoramente intenso.
Subí al auto sin mirar por el retrovisor, porque si lo hacía, sabía que no sería capaz de arrancar. Y en esa misma noche viajé... y nunca más supe de ella.

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⏰ Last updated: May 04 ⏰

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