La ilusión y la realidad, una falsa y la otra cruda.

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Dicen que uno debe de tener fe y esperanza con lo que quiere conseguir, siempre me lo han dicho los adultos o lo he escuchado de gente de mi edad. Dicen que sí uno intenta y se esfuerza por ello, esta más cerca de lograrlo que cuando no lo haces, y es por eso que... ¡el día de hoy se me ha ocurrido una nueva estrategia de conseguir el corazón del chico más guapo, hermoso, precioso, amable, generoso..! Ah... ¡Concéntrate Nakamura!, aúnque con solo pensar en Hirose y en imaginar estar con él me hace temblar y sentir débiles las piernas.

Nakamura, concentrado en su diálogo interno, no se percató de que un poco más adelante estaba aquel chico que le hacía palpitar a mil por horas su pobre corazón, que transformaba su cuerpo en gelatina viviente a la mínima mirada en su dirección y lo hacía sonrojarse tal que podía competir con un tómate, donde fácil podría salir ganador.

Solo que había un pequeño detalle, Hirose estaba de la mano con una chica; riéndose de algo que no podía escuchar desde la distancia, cómo un secreto para dos y nadie más.

Mientras la escuela empezaba a llenarse de estudiantes que se dirigían a sus aulas antes del toque de la campana, Nakamura - que siempre le debía de suceder como una clase de comedia humorística - choco contra otro estudiante al no fijarse en sus alrededores.

- ¡P-perdón..! ¡No era...! - sin poder terminar de disculparse, el otro le dirigió una mirada como si fuese su culpa de que existieran los terraplanistas y se acercó, chocando el hombro de Nakamura intencionalmente para luego marcharse en la dirección en la que había venido Nakamura, probablemente era de un grado mayor.

Este tipo de situaciones solían ser frecuentes, una mirada de irritación, de asco, un leve golpe o un empujón, charlas de lo raro que era... Nada fuera de lo común, pero era algo en lo que nunca podría acostumbrarse ni ahora ni nunca. Eso solo hacía que el sentimiento de estar fuera de lugar, sentirse tan solo en contraste con sus compañeros o gente que veía en la calle... Aumentara y gracias a ello, deseaba que la tierra se lo tragara y lo escupiera fuera de este plano astral si es que fuera posible.

Antes de que Nakamura entrara en una pequeña crisis de autodesprecio, la campana empezó a sonar, dando inicio a las clases y devolviéndolo a la realidad, recordándole que debía apurarse en llegar a su aula, afortunadamente no se encontraba tan lejos de donde estaba parado, tomó bien su bolso y se dirigió a su clase, recordando que estaría ese chico.

Ese leve pensamiento le trajo la suficiente energía para olvidar el incidente de hace unos minutos. Entro y por una vez el mundo le sonreía, su profesor aun no habia llegado y él estaba ahí, riéndose de algo que sus amigos dijeron, esa risa tan hipnotizante y tan hermosa.

Bien, ¡es tu oportunidad de decirle buenos días y de preguntarle sí estará libre después de clases para poder ir a ese café que ví el otro día! - pensó inmediatamente Nakamura, ya imaginándose un escenario donde valientemente se acercaba al más bajo, donde le preguntaba sobre sí deseaba salir con el y ponía su mejor sonrisa, cautivando al chico y provocando que este se sonrojara, mientras que le decía "Nakamura, dirigete a tu asiento. Ya vamos a iniciar la clase." espera que, ¿¡Por qué Hirose tenía la voz de Otogiri-sensei!?

- Nakamura, ¡Nakamura! - El hombre mayor alzo un poco más la voz al percatarse que su alumno estaba sumergido en sus pensamientos y seguía sin moverse de la entrada.

- ¡AH! ¡Disculpe Otogiri-sensei! - dijo demasiado rápido mientras hacía una reverencia de disculpa, Otogiri simplemente hizo un asentimiento y con la mano le indicó que se sentará. A paso rápido, se dirigió a su asiento y se sento, dandose cuenta de que fracaso con su intento de saludar a Hirose. ¡Pero eso no lo haría rendirse! ¡Aun podría acercarse a él en la hora de almuerzo!

Con eso en mente, se anticipo en que debía de decirle apenas tocase el timbre. Imaginando miles de escenarios con su amigo, donde este abría la boca para recibir la comida que Nakamura le tenía, otro donde estaban tomados de la mano escuchando música o también otro donde Hirose estaba sentado en su regazo...

Nakamura al estar sumido en su imaginación, no se percató de la mirada de dicho chico. Hirose sonrió al verlo tan inmerso en lo que estuviera pensando - Es lindo... Espera, ¿por qué me parece lindo que este tan concentrado en lo que sea que este pensando?, claro, Nakamura no es feo ni nada pero... ¿Es normal que me parezca lindo mi amigo? - se cuestiono, aunque inmediatamente le resto importancia porque no veía nada malo con apreciar la belleza del otro.

Con ello, transcurrió la hora hasta que el timbre toco, anunciando el final de la hora. Los estudiantes empezaron a salir, unos se quedaron con sus grupos de amigos o se disponían a hacer alguna tarea pendiente. Nakamura por su lado estaba apunto de levantarse para ir donde Hirose, pero en cuanto se sintió preparado, una chica - muy bonita a decir verdad - ingreso en el aula, dirigiéndose al chico de sus sueños.

Nakamura vio todo, sintio cómo su corazón dejaba de palpitar y su respiración se detenía. La escena que vió lo hizo perder la esperanza de todo, vio como Hirose, siempre tan alegre y lleno de vida, se sonrojaba y se ponía nervioso con la chica.

- ¡Hirose~! - con una voz dulce llamo al muchacho, este de inmediato le presto atención, aparentemente feliz con la llegada de ella. Nakamura escucho las risitas burlonas de los amigos de Hirose, escucho el chiflido que les daban al estar juntos. - Hola, hana... ¿Cómo estás? - Respondió Hirose, tartamudeando al hablarle mientras que la chica llamada Hana le daba un fuerte abrazo, el cual correspondió inmediatamente.

- ¡Te extrañe muchoo! Estaba muy aburrida en mi clase y solo podía pensar en estar contigo... - Decía ella, demasiado cerca, demasiado íntimo para el gusto de Nakamura, lo dejo sin aliento al entender que estaba pasando.

- Vaya, ¡si que estas rojo amigo! - Takeuchi comentó, provocando a Hirose y este le dirigió una mirada que decía "cállate" pero que cambio al mirar de nuevo a la joven.

Eran novios, Hirose y Hana eran novios. Nakamura no tenía oportunidad ahora, no tenía posibilidades de poder estar con él, sentía como su mundo se caía a pedazos, sabía más que nadie que este día iba a llegar pero no penso que... Seria tan pronto.

Notó como ambos se daban la mano y salían del aula, de como la chica le estaba diciendo algo que Nakamura no logro comprender, vio el cómo Hirose se reía nervioso al lado de ella y de cómo se veían hechos el uno para el otro.

Nakamura quería llorar, sentía que ya no había más nada por lo que intentar algo. Sabe bien que aún puede ser amigo del chico, que esa era la idea desde el inicio, pero también había deseado poder haber sido quién estuviese de la mano con él, de ser quién estuviera al lado de Hirose como lo estaba la chica, de ser él el que tuviera el puesto que ocupaba ella.

- Soy un tonto por pensar que tenía una oportunidad... - murmuró para sí mismo, sintiendo como su corazón dolía. Sabe que sí el fuera una mujer, esta situación sería distinta, que si fuese mujer no estaría tan atrás con su progreso de ser algo más que amigos con Hirose.

No es momento de rendirse, ¿verdad? Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora