Me levanté con un fuerte dolor de cabeza, como era habitual en mi aburrida vida.
Me estiré junto a mi gato, Pipo, me rasqué los ojos, tratando de no caerme de nuevo a la cama por el sueño. Me levanté para ducharme, odiaba el instituto casi como la primavera, una vez en el baño me vi en el espejo y traté de sonreír, que idiotez, ¿De qué sirve fingir una sonrisa?
Cuando salí de la ducha me coloqué el aceite de rosa mosqueta en la cicatriz de mi hombro, y me vestí, con el estupido uniforme del instituto.
Cuando llegué a la cocina, como era de costumbre vi las tortitas de arándanos de mamá en la mesa, recién hechas. Busqué con la mirada a mi madre, Alma, quien soltó una maldición, proveniente de la despensa.
- ¡Mierda!
Me asomé hacia la despensa y la vi sobándose la cabeza, sacando la mermelada en muestra de victoria, le miraba curioso, en cuanto me vio sonrió patosamente y rio, no pude evitar sonreír lateralmente, mi madre... era un caso perdido.
- Te he hecho tortitas Alexito, cógete, coge de más para tus amiguitos, la generosidad lo es todo.
Puse los ojos en blanco y solté una risa irónica.
- Gracias mamá, pero no tengo hambre. Y mis amigos se las apañan solos. Y no me llames así porfavor. Ya no soy un crío.
- Cógete las tortitas Alexander Mills.-Mi madre bajo la voz- Cuando tenías seis años te encantaba que te llamara así.
Mi madre cogió la espátula y no pude evitar soltar una risa mientras cogía tortitas, amaba a mi madre, era un pilar muy importante en mi vida aunque no se lo dijera, tenía el carácter de un oso panda, adorable pero con actitud.
- Así me gusta hijito, que vaya bien en la escuela, ten cuidado.
Le di un beso en la mejilla de despedida y cogí las llaves de mi auto, me metí en él y fui al infierno del instituto, amaba escuchar el motor de mi Lamborghini, junto a la música, y no dudaba en hacerlo rugir cuando había gente cerca.
Mi mente volvió a doler, esta vez peor que nunca. Solté un gruñido mientras conducía con una mano, buscando el bote de pastillas con la otra.
Entonces lo vi.
En el coche de al lado había una cara familiar en parte de atrás, una cara vacía, demacrada, pero tan.. agh. No sabía de qué, pero algo dentro de mí se tensó de golpe, como si algo me apretara el pecho sin permiso, como si algo se instalara de manera inmediata, y me apretara cada segundo que pasaba, cada vez más y más.
La presión en el pecho me hizo frenar de golpe para beber agua, la sensación no se iba, y solo se me ocurrió tumbar el asiento y respirar.
Ignorando a los coches que me pitaban, levanté una mano, sacando el dedo del medio por la ventanilla, mientras que con la otra masajeaba mi pecho, tratando de aliviar ese sentimiento que casi parecía físico.
No sentía miedo.
Era otra cosa. Más instintiva. Más violenta.
Y lo peor era que no tenía ni idea de quién era, pero se dirigía al instituto, elevé un poco la cabeza y sostuve la mirada, llevaba el mismo puto uniforme.., ¿era un nuevo alumno?
Sonreí sin ganas.
Esto va a alegrar mi día.
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Bajo las flores del olvido
RomanceUn error que no sabrán cómo soltar... Aprender es que nunca se deja de ser lo que más duele. Jessica Elisabeth Morgan, una joven distinta a las demás, odia las cursiladas, y no va directa a los dramas de adolescentes. Es una rosa con espinas. ¿Quién...
