El tiempo no existe.
Solo existe el presente continuo,
el cambio,
la podredumbre,
la decadencia insistente de un segundo
precedida de otro.
Lo que sí existe es lo eterno,
lo que no tiene principio ni fin,
lo que no ha sido,
lo que no es,
lo que nunca será,
y, sin embargo, ahí está.
Aquí estamos,
dejando una huella imborrable
en la mismísima eternidad.
