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Yeonjun nunca había sido particularmente bueno con los cambios. Le gustaban las rutinas, los entornos conocidos, las calles que podía recorrer con los ojos cerrados. Así que mudarse a un nuevo vecindario, lejos de todo lo que consideraba seguro, no fue una decisión fácil. Pero necesitaba un nuevo comienzo. Uno donde pudiera respirar sin sentir la presión constante de miradas inquisitivas, comentarios impertinentes o de alfas demasiado intensos.

Porque eso era lo que más lo inquietaba: los alfas.

No podía evitarlo. No era odio ni desprecio. Era ese peso invisible que sentía cada vez que uno se acercaba demasiado, esa tensión que lo invadía sin razón aparente. El cuerpo tenso, la mirada baja, el corazón desbocado. Como si algo dentro de el recordara que no todos los alfas sabían respetar los límites. Como si su instinto todavía llevara cicatrices de lo que alguna vez vivió o presenció.

Así que cuando llegó al nuevo vecindario, caminando entre cajas de cartón y muebles aún envueltos en plástico, su mayor deseo era simple: paz. Tranquilidad. Gente amable, sí, pero distante. Nada de vínculos innecesarios. Nada que pudiera ponerlo en peligro.

Por eso, cuando conoció a su vecino de al lado, un joven simpático, sereno, de sonrisa tranquila y aroma apacible, Yeonjun se sintió ligeramente aliviado. Soobin —así se presentó— dijo ser beta. Y aunque Yeonjun no solía confiar tan fácilmente, hubo algo en su tono de voz, en su mirada atenta pero sin presión, que le permitió bajar un poco la guardia.

Soobin no era invasivo. No intentaba tocarlo sin permiso, ni forzaba charlas incómodas. Se ofrecía a ayudar con las bolsas del mercado, recomendaba cafeterías del barrio, le prestaba libros que dejaba en la puerta con pequeñas notas pegadas. Su compañía se fue volviendo habitual, casi necesaria. Yeonjun nunca supo en qué momento empezó a buscar su presencia en los pasillos o a esperar oír sus pasos en la escalera.

Y sin embargo... algo no terminaba de encajar.

Soobin tenía una forma de observarlo que no se parecía a la neutralidad emocional de los betas. A veces, cuando Yeonjun reía sin querer, sentía esa mirada más densa, más cálida... más intensa. El aroma de Soobin, aunque sutil, tenía un matiz que lo hacía temblar ligeramente por dentro. Y aunque se reprendía por pensar en ello, no podía evitarlo.

No era lo único.

A veces, cuando hablaba en voz baja, tenía un tono grave que le provocaba escalofríos. Y lo peor era que su cuerpo no reaccionaba con miedo... sino con algo más confuso. Algo que lo hacía sentir avergonzado de sí mismo. Porque... ¿cómo podía sentirse atraído de esa forma por alguien que no era alfa? ¿Cómo podía su cuerpo desear ese tipo de cercanía con un beta?

Pero todo siguió siendo una vaga sospecha. Una idea lejana. Hasta que llegó su celo.

Yeonjun siempre había sido muy consciente de su cuerpo, de sus ciclos, de lo que debía hacer para atravesarlos en calma, solo, con discreción. Tenía feromonas reguladas, supresores preparados y todo bajo control. O eso pensaba.

Porque ese celo llegó distinto. Llegó más temprano. Más denso. Más salvaje.

Y lo más alarmante: su cuerpo reaccionó con un hambre desconocida cuando captó el aroma de Soobin en el pasillo.

Era como si todo su sistema se activara de golpe, como si cada célula de su cuerpo se dirigiera hacia una sola fuente de alivio, de deseo, de conexión. Su piel ardía, su respiración se volvía errática, y su interior gritaba por algo que no quería reconocer.

Era Soobin.

Yeonjun quiso negarlo. Se dijo a sí mismo que era imposible. Que era una confusión, un error, una mala jugada de su instinto alterado. Soobin era beta. No debía provocarle eso. No podía.

Pero su cuerpo no escuchaba razones. Y sus pensamientos, cada vez más desordenados, solo repetían su nombre como un eco desesperado.

¿Soobin era... alfa?

esta historia no me pertenece, es una adaptación a la obra original de musedipity  ! ˃ᴗ˂

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¿beta? ! soojunHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora