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CAPÍTULO 1

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CAPÍTULO 1

«Vistiendo de blanco»

Toya se encontraba en su habitación, sumido en una serenidad que contrastaba con la tensión que lo aguardaba fuera de aquellos muros.

Sus dedos recorrían las teclas del piano con una naturalidad casi hipnótica, y la melodía llenaba el aire con una calma frágil, casi mágica.

Vestía un atuendo elegante y delicado: telas finas en tonos claros, bordados sutiles y un brillo tenue que, bajo la luz de la luna que se filtraba por los grandes ventanales, lo hacía parecer casi etéreo.

Aquella noche celebraría su decimosexto cumpleaños.

Para cualquiera, una fecha así sería motivo de alegría. Risas. Expectativas.

Pero no para él.

No había ni una sola muestra de felicidad en el rostro del tercer príncipe.

Porque ese mismo día... conocería oficialmente a su prometida.

Sabía que ese momento llegaría tarde o temprano, pero no se sentía preparado. La princesa era hermosa -eso lo sabía-, pero, si era honesto consigo mismo, no sentía absolutamente nada por ella.

Ni interés.

Ni emoción.

Nada.

Por eso, intentaba refugiarse en lo único que siempre había sido suyo: la música.

El piano.

Aunque tocar solía ser su mayor consuelo, aquella vez apenas lograba calmar el nudo en su pecho.

Aun así, lo intentaba.

Porque era lo único que tenía.

O lo único que le quedaba.

...O eso le había dicho Akito.

Akito...

Ese nombre resonó en su mente con una claridad abrumadora.

¿Había hecho algo mal para merecer aquello?

Akito, capitán de la guardia real... y su amigo.

La persona que le había devuelto la pasión por la música, esa que creyó perdida para siempre por culpa de su padre.

Toya siempre había amado la música. Especialmente el piano.

Cuando tocaba, era feliz.

Y no solo él.

También su madre.

También su padre... en aquel entonces.

No sabía en qué momento todo cambió.

Cuando de repente una enfermedad se llevó a la reina.

Toya era apenas un niño cuando la perdió.

Recordaba con claridad aquellos días en los que tocaban juntos, sentados frente al piano, mientras la luz del atardecer teñía la sala de dorado.

Pero, tras su muerte... el silencio se apoderó del palacio.

El rey prohibió cualquier rastro de música que pudiera recordarle su pérdida.

El piano dejó de sonar.

Y con él... una parte de Toya también se apagó.

Hasta que, durante una celebración, un reino vecino ofreció un piano como obsequio para el príncipe.

Lecciones de amor [AKITOYA]Stories to obsess over. Discover now