Un Extraño En El Barrio

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CAPÍTULO 1,

El sol de la mañana apenas empezaba a calentar las calles de Seúl, pero el ambiente en el barrio ya estaba lleno de vida. Coches pasando rápido, gente hablando fuerte, el olor a comida callejera y el ruido constante de la ciudad. Nada que ver con las calles tranquilas y verdes de Sídney, de donde venía.

Felix estaba parado en la entrada de la nueva escuela, ajustándose por tercera vez el cuello de su suéter de cashmere color crema. Llevaba unos jeans claros perfectamente planchados, zapatillas blancas impecables y una mochila pequeña que combinaba a la perfección. Su cabello rubio estaba peinado con esmero y su piel, cuidada al milímetro, lucia suave y sin ningún defecto.

—¿En serio aquí es? —murmuró para sí mismo, con ese acento dulce y suave que lo delataba inmediatamente como extranjero.

Estaba acostumbrado a escuelas privadas, aulas limpias y uniformes impecables. Pero por decisión de sus padres, o más bien por querer tener un poco de libertad y conocer la verdadera cultura coreana, había terminado inscrito en una escuela pública del barrio. Y vaya que se notaba la diferencia.

Mientras caminaba por los pasillos, todos los ojos se posaron en él. No era para menos: Felix parecía haber salido de una revista de moda o de un sueño. Caminaba con delicadeza, cuidando de no ensuciarse, oliendo a perfume caro y con esa aura de "chico fresa" que lo hacía ver frágil, adorable y totalmente fuera de lugar.

—Mira qué chico tan lindo… —se escuchaba el susurro de algunas chicas.
—Seguro es muy ricachón —decían otros entre risas—. Parece que se va a romper si lo tocan.

Felix bajó un poco la mirada, un poco nervioso pero manteniendo su postura elegante. Solo quería llegar a su salón, sentarse y pasar desapercibido, aunque sabía que era imposible con su cabello y su forma de vestir.

 

En una esquina del patio, recargado en la pared fría y con una pierna flexionada, estaba Hwang Hyunjin.

Llevaba una chaqueta de cuero negra abierta, una camiseta blanca por dentro y unos pantalones oscuros algo desgastados, con cadenas que colgaban de los bolsillos. Su cabello negro y algo largo cubría parcialmente sus ojos, pero no lo suficiente para ocultar esa mirada oscura, intensa y retadora que tenía.

Estaba mordiendo una paleta y con los brazos cruzados, viendo con total indiferencia cómo el nuevo chico caminaba por ahí como si pisara algodón.

—¿Y ese quién es? —preguntó uno de sus amigos, dándole un codazo.

Hyunjin soltó una risa baja, seca y algo burlona.
—Se ve que acaba de bajar de una nube, o que se perdió yendo al castillo de princesas —dijo con voz grave y segura, ese tono varonil que imponía respeto y un poco de miedo.

Hyunjin era el "rey" del barrio y de la escuela. Todo el mundo lo conocía. Sabían que no se metieran con él, que tenía carácter fuerte, que hablaba directo y sin rodeos, que tenía ese estilo "bellako", de calle, que caminaba con una seguridad que parecía arrogancia. No le gustaban las cosas cursis, ni la gente que se veía demasiado delicada. Para él, todo eso era una farsa.

Pero no podía dejar de verlo.

Vio cómo Felix se tropezó levemente con una piedra en el suelo, pero se recuperó rápido, acomodándose la ropa con esa gracia tan suya. Vio cómo sus mejillas se tiñeron de un rosa suave cuando alguien lo miró. Era… diferente. Demasiado limpio, demasiado bonito, demasiado suave para un lugar como ese.

—Se ve que va a tener problemas si sigue caminando así de "afeminado" y delicado por aquí —comentó otro chico.

Hyunjin dejó de morder su paleta y la sacó de la boca con un movimiento brusco. Sus ojos oscuros siguieron la figura del australiano hasta que entró al edificio.

—Ya veremos —susurró Hyunjin, arqueando una ceja—. Veremos cuánto dura ese "princesito" en mi territorio.

 

El primer día de clases fue un caos para Felix. Todo era ruidoso, rápido y diferente. Los alumnos eran más directos, más ruidosos, nada que ver con la educación que conocía en Australia.

Al salir de clase, iba caminando por el pasillo con su libreta en el pecho, mirando al suelo para evitar miradas, cuando de pronto…

¡BUM!

Chocó contra algo, o mejor dicho, contra alguien muy sólido y fuerte. Fue como chocar contra una pared de concreto. Felix dio un paso atrás, asustado, y levantó la vista.

Ahí estaba él.

Hyunjin lo miraba desde arriba, porque era bastante más alto. Lo miraba con esa cara de pocos amigos, con el ceño fruncido y esa expresión que decía "¿qué miras?". A su alrededor, el ambiente pareció ponerse tenso. Los demás alumnos se apartaron, sabiendo que Hyunjin no era alguien con quien se debiera jugar.

—Oye, mira por donde caminas, muñeca —dijo Hyunjin, con esa voz ronca y arrastrando un poco las palabras, totalmente estilo callejero.

Felix sintió que su corazón se aceleraba, pero no por miedo, sino por la impresión. Tenía enfrente al chico más guapo que había visto en su vida, pero también al que se veía más peligroso. Tenía tatuajes visibles en los brazos, una aura de rebeldía total y esa mirada que parecía querer comerte vivo.

—Lo… lo siento mucho —tartamudeó Felix, con su voz suave y melodiosa, haciendo una pequeña reverencia instintiva—. No te vi, perdóname, no fue mi intención.

Se acomodó rápidamente el suéter, tratando de no verse nervioso, oliendo a perfume dulce que chocaba fuertemente con el olor a colonia fuerte y madera que traía Hyunjin.

Hyunjin lo miró de arriba abajo. Lo miró esas manos pequeñas y cuidada, esa ropa cara, esa forma de hablar tan educada y suave. Una mezcla extraña de burla y curiosidad le recorrió el cuerpo.

—"Perdóname" —imitó Hyunjin su voz de forma burlona, acercándose un poco más, invadiendo su espacio personal como solo él sabía hacer—. Hablas bien raro, foráneo. ¿De dónde saliste? ¿De un cuento de hadas?

Felix lo miró a los ojos, un poco ofendido pero manteniendo la compostura.
—De Australia. Y soy Felix —dijo, tratando de sonar valiente, aunque su voz seguía sonando como miel.

Hyunjin soltó una carcajada seca, luego se inclinó un poco hacia él, bajando la altura para quedar cara a cara, muy cerca, demasiado cerca. Su aliento chocó contra la cara del rubio.

—Escúchame bien, Felix —dijo Hyunjin, marcando cada sílaba con ese estilo sexy y agresivo a la vez—. Aquí las cosas no son como en tu país de juguete. Aquí o eres fuerte, o te comen. Y tú te ves demasiado… rico y demasiado blando para estar en esta escuela.

Se quedó mirando sus labios por un segundo, luego volvió a sus ojos claros.
—Cuida tus pasos, chiquito. Porque en mi barrio, no me gusta la gente que se ve tan… delicada.

Y sin esperar respuesta, Hyunjin se dio la vuelta, se ajustó la chaqueta y se alejó caminando con esa cadencia arrogante y segura, dejando a Felix ahí parado, con el corazón a mil por hora, sintiendo una mezcla de coraje y algo que no sabía explicar.

Felix se tocó el pecho, respirando hondo.
—Qué chico tan… tan grosero y maleducado —murmuró, sonrojándose—. Y qué ojos tan bonitos tiene… maldición.

Sabía que ese chico llamado Hyunjin iba a ser un problema. Un gran problema. Pero mientras lo veía alejarse, supo también que su vida en Corea acababa de volverse mucho más interesante.

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⏰ Terakhir diperbarui: Apr 22 ⏰

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