La mañana de la boda comenzó con una quietud que parecía artificial, como si el mundo estuviera conteniendo el aliento. La luz entraba por la ventana del cuarto del hotel con un tono pálido, dibujando sombras suaves sobre el vestido blanco extendido cuidadosamente en la cama. Abril lo observaba en silencio mientras alguien acomodaba los últimos detalles de su cabello. Había risas alrededor, comentarios emocionados, pasos apresurados, pero todo sonaba distante, como si estuviera detrás de una pared de vidrio.
Ella sonreía cuando la miraban. Respondía cuando le hablaban. Pero dentro de su pecho había algo pesado, algo que no sabía nombrar. No era arrepentimiento. Tampoco era miedo. Era una sensación más oscura, una anticipación incómoda, como si algo inevitable estuviera a punto de suceder.
Su teléfono vibró sobre la mesa.
Abril lo miró por reflejo. Nadie más parecía haberlo notado. Se inclinó apenas y leyó el mensaje.
"No tienes que hacerlo."
El aire se le quedó atrapado en la garganta. No necesitaba ver el nombre. Sabía quién era. Bloqueó la pantalla rápidamente y lo dejó boca abajo, como si eso pudiera esconder la emoción que le recorría el cuerpo.
—¿Todo bien? —preguntó alguien.
—Sí... solo nervios —respondió, aunque no era nervios.
Era expectativa.
—
El jardín estaba decorado con flores blancas. Las sillas llenas. La música suave comenzó y Abril dio el primer paso hacia el altar. Cada movimiento parecía más lento de lo normal. Sentía el peso del vestido, el roce del velo, el sonido amortiguado de los invitados.
Y entonces la vio.
Samantha estaba sentada en la primera fila.
Vestida completamente de negro.
No hablaba con nadie. No sonreía. No aplaudía. Su postura era relajada, pero su mirada estaba fija en Abril, como si todo lo demás no existiera. En medio de tanto blanco, su presencia era una sombra.
Abril sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Desvió la mirada, obligándose a seguir caminando. Llegó al altar. Juan tomó su mano con ternura. Su sonrisa era sincera, cálida. Abril respondió, intentando anclarse a esa seguridad.
El sacerdote habló. Palabras sobre amor, compromiso, eternidad. Abril escuchaba, pero cada tanto sus ojos se desviaban involuntariamente hacia la primera fila.
Samantha no se movía.
Cuando llegaron los votos, Abril habló con voz firme. Juan hizo lo mismo. Había amor en sus palabras, un cariño real. Nada de eso era mentira. Pero había otra emoción, más profunda, que no estaba siendo nombrada.
—Yo los declaro unidos en matrimonio... hasta que la muerte los separe.
Samantha inclinó ligeramente la cabeza.
Abril sintió que algo dentro de ella se rompía en silencio.
Pero dijo "sí".
—
La recepción fue brillante. Música, risas, copas alzadas. Abril bailaba con Juan, sonreía para las fotos, agradecía abrazos. Todo parecía perfecto.
Pero cada pocos minutos, sus ojos buscaban la misma esquina.
Samantha seguía sentada.
No se movía. No hablaba. Solo observaba. La copa frente a ella estaba casi intacta. Su presencia era constante, pesada, imposible de ignorar.
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La muerte-Rivari
FanficUna boda perfecta. Un vestido blanco. Una promesa eterna. Pero en la primera fila hay alguien vestida de negro... observando en silencio. Ari se casa con Juan creyendo que empieza una vida tranquila, estable, segura. Todo parece normal al principio:...
