El invierno en Seúl siempre se sentía como una sentencia de aislamiento, pero para Kim Taehyung, el frío era un aliado. Bajo las pesadas capas de su abrigo de lana y la bufanda que cubría la mitad de su rostro, podía ocultar lo que la naturaleza le había dado y lo que la sociedad, en su infinita crueldad, consideraba un error.
Taehyung era un Omega, sí, pero uno extraño. A sus veintitrés años, su aroma no era el dulce reclamo de la vainilla o la fresa que los Alfas solían buscar. De hecho, apenas tenía aroma. Para el resto del mundo, Taehyung olía a nada; un lienzo en blanco que nadie se molestaba en pintar.
-¿Seguro que puedes con esto, Taehyungie? -preguntó Seokjin, su mentor, mientras ordenaba los pinceles en el estuche de cuero-. La familia Jeon no es conocida por su paciencia. Son Alfas de linaje antiguo. Si el aroma de la mansión te abruma, dímelo y enviaré a alguien más.
Taehyung esbozó una sonrisa débil, guardando sus guantes.
-Hyung, mi nariz apenas detecta el café por las mañanas. Dudo que un par de Alfas territoriales hagan la diferencia. Además, necesito el dinero para el alquiler del estudio.
Lo que Taehyung no mencionaba era que, aunque él no desprendía olor, sus sentidos eran inusualmente agudos. Podía "sentir" las emociones de los demás como vibraciones en el aire. Y sabía que entrar en el territorio de los Jeon sería como caminar sobre brasas encendidas.
La mansión de la familia Jeon se alzaba en la cima de una colina privada en Hannam-dong, rodeada por muros de piedra negra y seguridad privada. Al cruzar el umbral, el aire cambió drásticamente. No era solo el frío; era el poder. El ambiente estaba saturado de un aroma a sándalo, cedro y algo metálico, como el ozono antes de una tormenta eléctrica.
Era el aroma de un Alfa Sangre Pura.
Taehyung sintió un ligero escalofrío recorrer su columna, pero lo ignoró, apretando la correa de su maletín. Un mayordomo de rostro inexpresivo lo guio a través de pasillos interminables decorados con arte renacentista, hasta llegar a la gran biblioteca.
-El señor Jeon no desea ser molestado -advirtió el hombre antes de abrir las pesadas puertas de roble-. Solo dedíquese a la restauración del mural del techo. Tiene tres horas antes de que la cena sea servida.
Taehyung asintió y entró. La biblioteca era magnífica, con estanterías que llegaban hasta el techo, pero el ambiente se sentía asfixiante. En un rincón, sentado tras un escritorio de obsidiana, estaba él.
Jeon Jungkook.
No necesitaba verlo de cerca para saber quién era. Su presencia llenaba la habitación como una marea oscura. Jungkook estaba concentrado en unos documentos, con el ceño fruncido y los hombros tensos. Su lobo interno parecía estar gruñendo en silencio, proyectando una irritabilidad que hacía que el aire picara.
Taehyung, manteniendo su perfil bajo de "Omega invisible", se dirigió al andamio dispuesto bajo el mural dañado. No saludó; no quería romper el frágil equilibrio de la habitación. Sacó sus solventes y comenzó a trabajar en una grieta que amenazaba con desprender el pigmento azul cobalto de la obra.
Pasaron treinta minutos en un silencio tenso, interrumpido solo por el rasgueo de la pluma de Jungkook y el suave roce de los pinceles de Taehyung.
De repente, el sonido de la pluma se detuvo.
Taehyung contuvo el aliento. Desde su altura en el andamio, pudo ver cómo Jungkook echaba la cabeza hacia atrás, cerrando los ojos y aspirando profundamente. El Alfa parecía confundido. Se puso de pie con una elegancia depredadora y comenzó a caminar por la habitación, acercándose lentamente a la zona de trabajo.
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El Eco de los Sangre Pura
Romance• Kim Taehyung: Un Omega de linaje antiguo, pero considerado "defectuoso" por la sociedad porque su aroma es casi imperceptible. Trabaja como restaurador de arte. • Jeon Jungkook: Un Alfa dominante, líder de una de las firmas de seguridad más grande...
