En este mundo, la nobleza hace su gran debut oficial ante la sociedad el día de su graduación en la prestigiosa Academia Gran Linea. Sin embargo, existe una única excepción: la realeza, cuya posición y poder se manifiestan y son reconocidos desde el mismo instante de su nacimiento, marcándolos indeleblemente como la máxima autoridad.
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—¡Mira, Luffy! ¡Mira lo que encontramos, jajaja! —exclamaron sus hermanos con una sonrisa traviesa.
—¿Eh? ¿Qué es eso? —preguntó él, inclinando la cabeza con curiosidad inocente.
—¡Es un vestido! ¿No crees que te verías muy lindo puesto? —dijeron Ace y Sabo entre risas.
Sin saber lo que sucedería después, los dos mayores lograron engañar al pequeño Luffy para que se lo pusiera. Lo que ignoraban era que, en ese mismo lugar donde solían jugar, se encontraban paseando el Príncipe y la Princesa Trafalgar.
El príncipe, Law, al notar el alboroto y las risas fuertes que provenían de aquel grupo, sintió curiosidad. Sus ojos se posaron en la figura que parecía ser una delicada doncella entre los chicos, y no pudo evitar preguntarse quién era.
—Cora-san... ¿de qué familia son esas personas? —cuestionó Law con voz calmada.
—Mmm... me parece que son de la familia Monkey —respondió su acompañante, pensativo—. Aunque no recuerdo que tuvieran una hija... Pero si es así, sería una excelente idea que te comprometieras con ella. Es un linaje muy respetado y poderoso.
Law se quedó en silencio, mirando hacia donde estaba Luffy. La verdad era que los matrimonios arreglados y las obligaciones sociales no le interesaban en absoluto; le parecían una molestia innecesaria. Sin embargo, siendo quien era, sabía perfectamente que aceptar uniones como esa era una de las muchas responsabilidades que conllevaba su título real.
Al llegar a casa, la atmósfera cambió por completo. Sus padres, Dragon y su esposa, los esperaban en el recibidor con rostros serios. En cuanto vieron a Luffy con aquel vestido, todo encajó. Recordaron el extraño mensaje que habían recibido del Palacio Real horas antes: una consulta directa preguntando si la familia Monkey contaba con una hija.
Sin decir una palabra, Dragon miró la imagen de su hijo y, en su mente, la decisión ya estaba tomada. Era una oportunidad política demasiado grande para dejarla pasar.
—Papá... —intervino Ace, dando un paso adelante con voz nerviosa—. Entendemos lo que parece, pero tienes que saberlo... Luffy es hombre. No es una chica.
Dragon lo miró fijamente, y sin dudarlo ni un segundo, respondió con autoridad:
—Lo sé perfectamente. Pero precisamente por eso, y porque el destino lo ha puesto así ante los ojos de la realeza... la decisión está tomada. A partir de hoy, Luffy será presentado al mundo como nuestra hija.
—¡¿Qué?! —exclamó la madre, llevándose las manos al rostro, horrorizada—. ¡Amor, estás loco! Si llegan a descubrir la verdad, será un escándalo imperdonable. ¡El castigo será terrible para él y para toda la familia!
—Por eso nos aseguraremos de que nunca se sepa —replicó Dragon con frialdad y determinación—. Luffy crecerá entrenado bajo una disciplina doble. Aprenderá tanto la fuerza, la espada y el honor de un caballero, como la elegancia, la sutileza y los modales exquisitos de una dama. Nadie notará la diferencia.
Se giró entonces hacia Ace y Sabo, cuya mirada reflejaba sorpresa y preocupación.
—Ustedes dos serán sus sombras, sus protectores y sus cómplices. Ace, Sabo... desde este momento, son oficialmente sus escoltas. Su deber será cuidar de él y vigilar que nadie, bajo ninguna circunstancia, descubra la verdad.
Y así, en ese instante, la vida de Luffy cambió para siempre, sellada por la voluntad inquebrantable de su padre.
Así, los años transcurrieron bajo una estricta disciplina. Luffy creció dividido entre dos mundos completamente opuestos.
Por un lado, recibía el entrenamiento duro y riguroso propio de un varón de la nobleza: aprendía el manejo de la espada, la estrategia militar, la historia y la fuerza física necesaria para proteger su linaje. Pero, en cuanto sonaba la campana o aparecía algún maestro o dama de compañía, todo cambiaba instantáneamente. Su postura se volvía elegante, sus pasos silenciosos y suaves, y debía dominar el arte de la danza, la música, la costura y el comportamiento delicado que se esperaba de una futura esposa de la realeza.
Era una carga pesada, pero Luffy, con su espíritu inquebrantable, logró adaptarse. Aprendió a caminar con tacones sin tropezar, a sonreír con dulzura cuando por dentro quería gritar, y a ocultar su verdadera voz detrás de tonos más suaves.
Sin embargo, mantener esta mentira ante todo el mundo era casi imposible. Hubo personas que, por su cercanía o por necesidad, tuvieron que conocer la verdad absoluta:
- Su familia: Dragon, su madre, Ace y Sabo, quienes vivían cada día con él y velaban por su seguridad.
- Nami: Una joven de confianza, encargada de su vestimenta y finanzas, quien se convirtió en su mejor amiga y cómplice principal, ayudándole a disimular su apariencia.
- Sanji: El maestro de protocolo y cocinero personal, quien conocía su naturaleza real pero se encargaba de que, ante la mesa y el comportamiento social, fuera la dama más perfecta y refinada de todas.
Para el mundo exterior y la alta sociedad, Luffy era conocido únicamente como Lady Monkey: una joven de una belleza cautivadora, misteriosa y con un aire un tanto particular. Su mirada era brillante y llena de vida, pero su rostro solía permanecer parcialmente oculto tras velos o abanicos, aumentando el interés y la curiosidad de todos.
Sin embargo, corrían otros rumores en los pasillos de la nobleza. Se hablaba también de un tercer hijo varón en la familia Monkey, descrito como un caballero de fuerza imponente, modales impecables y un honor inquebrantable. Nadie sospechaba que, en realidad, ambas descripciones pertenecían a una sola y misma persona.
Por otro lado, se encontraba Trafalgar Law, el Príncipe Heredero. Había crecido convirtiéndose en el hombre perfecto: inteligente, poderoso y de una belleza que hacía suspirar a cualquier dama. No obstante, su carácter era distante, serio y extremadamente frío. Su corazón parecía hecho de hielo, manteniendo a raya a cualquiera que intentara acercarse, evitando cualquier tipo de cercanía emocional.
A pesar de su frialdad, su compromiso con Lady Monkey había sido sellado y hecho oficial años atrás. Sin embargo, por voluntad propia, Law nunca había solicitado verla ni había ido a visitarla. Para Luffy, aquella indiferencia era un verdadero alivio. Mientras Law siguiera manteniendo su distancia y evitándola, su secreto estaría a salvo y nadie descubriría que, bajo los vestidos y la apariencia delicada, se escondía un hombre.
El tiempo siguió su curso y, pronto, Luffy cumpliría quince años. Era la edad establecida para ingresar a la prestigiosa Academia Gran Linea, y su situación era única: debía asistir y desenvolverse asumiendo ambas identidades.
Para lograrlo, sus padres prepararon todo al detalle. Se compraron dos uniformes distintos y se organizó su vida académica de forma compleja pero efectiva. Luffy dormiría en el ala de las damas, compartiendo habitación con su fiel amiga y protectora, Nami. Siempre que portara el uniforme femenino, una norma de etiqueta real —establecida para proteger la modestia de la futura reina— exigía que su rostro permaneciera cubierto parcialmente hasta su debut oficial. Esto le jugaba a favor, ayudándole a ocultar sus rasgos.
Pero su entrenamiento no terminaba ahí. También asistiría a las clases y entrenamientos reservados para los caballeros, vistiendo entonces su uniforme masculino, demostrando que podía ser tanto la dama más elegante como el guerrero más formidable.
Continuara......
Nota: espero que les allá gustado el primer cap esto va haver una vida interesante para luffy jsjsjshshs los veo en el siguiente capitulo
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ocultándome del principe
FanfictionEn este mundo, la nobleza hace su gran debut oficial ante la sociedad el día de su graduación en la prestigiosa Academia Gran Linea. Sin embargo, existe una única excepción: la realeza, cuya posición y poder se manifiestan y son reconocidos desde el...
