Capítulo 01

100 16 0
                                        

Llevaba varios minutos ahí, sentado en el suelo y mirando con recelo su propio celular que descansaba en la pequeña mesa de centro. Phuwin mordía la uña de su pulgar con nerviosismo, dando miradas repetidas entre una pequeña hoja y su celular.

Hacía días atrás su mejor amigo Fourth lo había visitado, autoinvitándose como siempre, alegando que necesitaba aire fresco y libre de alfas después de largas noches trabajando en un bar como mesero.

A Phuwin no le molestaba, él y su omega estaban cómodos con la presencia de Fourth, aunque no pudo evitar crisparse cuando el chico tocó el tema del celo del castaño que se aproximaba. 

Era un tema delicado para Phuwin.

El omega presentaba un desorden hormonal desde que tenía memoria, sus celos eran continuos y bastante intensos. Un omega normal tenía su celo cada tres meses y por solo tres días, pero Phuwin no.

Visitó muchos doctores y cada uno le dió la misma respuesta; su ciclo de celo estaba afectado al haber sido concebido por dos omegas. Le recetaron muchas pastillas e incluso dietas pero no ayudaron mucho, aún así Phuwin seguía cada indicación sin rechistar, y es que para él era demasiado difícil afrontar su celo cada mes, por cinco días y sin pareja. Por supuesto quería deshacerse aunque sea un poco de aquella maldición.

Sufrió mucho rechazo y acoso por su condición. No muchos omegas lo toleraban, menos si tenían pareja; eran recelosos ante la idea de que un omega con ese historial clínico se involucrara en sus vidas. Con los alfas era distinto, pero no precisamente bueno. Tanto hombres cómo mujeres lo miraban con morbo, incomodándolo en demasía. Tenía muchas malas experiencias para contar por ello; su personalidad se volvió retraída con el tiempo, desarrollando timidez ante su poco ánimo por interactuar con más personas.

Phuwin no gritaba su condición a los cuatro vientos, intentaba ser lo más cauteloso posible, dando explicaciones sin detalle cuando preguntaban el porqué de su aroma intenso. Aún así existían las malas lenguas y el castaño parecía un imán de ellas. De una u otra forma las personas a su alrededor terminaban enterándose de lo que afrontaba y empezaban a mirarlo distinto.

Ya había pasado por muchos cambios de entorno. Lo primero fue el colegio cuando a los dieciséis le dió una repentina crisis cuando una amiga en quién confiaba dispersó cada detalle de su desorden hormonal, había acabado encerrado en los baños mientras lloraba; uno de sus padres lo sacó de ese colegio enseguida. Después fue en su primer trabajo, luego el segundo y hubo un tercero; era realmente un tema extenso todo lo que había pasado durante ese tiempo, la herida aún persistía en su corazón. Lo último fue la mudanza, una decisión dura que tomó a los veintidós años; se separó de sus padres y alquiló un departamento para llevar una vida más tranquila en la soledad.

Había conocido a Fourth por casualidad en su segundo mes viviendo solo cuando creyó buena idea visitar un bar para despejar su mente. El omega lo había atendido con una sonrisa, hablando hasta por los codos y haciéndole entrar en confianza. Al poco tiempo y con unas visitas más al bar, Phuwin y Fourth intercambiaron números.

Una bonita amistad empezó después de eso.

Fourth sabía lo que pasaba su mejor amigo, a veces él mismo tenía que ir a controlar la fiebre del mayor ya que Phuwin no contaba con otras personas, reacio a confiar en alguien más que no fuera él. Era duro verlo así, no existían muchas soluciones para apoyar al mayor.

El omega quería ayudar, por eso no dudó en volver a recomendarle aquel sitio dónde él pasaba sus celos. Phuwin siempre evitaba ese tema, algo incómodo.

Aún así, como en los últimos cinco meses, el omega menor volvió a insistir.

¡Son profesionales! —Había dicho Fourth—. Sabes que siempre es mejor pasar el celo con alguien. Y ahí no es solo sexo, te cuidarán como lo mereces.

CHERRY COTTON || PondPhuwinStories to obsess over. Discover now