Capítulo 1: El resplandor de la primera noche

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La ciudad nunca dormía del todo.

Incluso a esas horas, cuando el cielo parecía cubierto por una capa espesa de humo y neón, las calles seguían vivas. Autos cruzaban avenidas mojadas por una lluvia reciente, anuncios luminosos parpadeaban sobre edificios inmensos y, en algún rincón de la noche, siempre había alguien corriendo, escondiéndose... o gritando por ayuda.

Valeria Rojas caminaba por la acera con paso firme, una taza de café en la mano y el blazer rojo acomodado sobre sus hombros. A simple vista, parecía una mujer común regresando de una jornada larga. Elegante, segura, con esa mirada que daba la impresión de leer demasiado en silencio. Pero la verdad era otra.

 Pero la verdad era otra

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Ella sentía la energía.

Siempre estaba ahí.

Debajo de su piel. En sus manos. En su pecho. Como un fuego dormido esperando el momento preciso para despertar.

Valeria se detuvo frente al escaparate de una tienda cerrada. Su reflejo le devolvió la imagen de una mujer aparentemente tranquila. Cabello rojizo, ojos cafés, labios tensos. Pero detrás de esa fachada había algo más. Algo que no pertenecía del todo a este mundo.

Un estruendo la sacó de sus pensamientos.

Luego vino otro.

Y después, los gritos.

Valeria giró la cabeza hacia el final de la avenida. A tres calles de distancia, una columna de humo comenzaba a elevarse entre los edificios.

-No esta noche... -murmuró, dejando escapar un suspiro cansado.

Pero ya era tarde. Su cuerpo lo sabía. Su sangre lo sabía.

El peligro la estaba llamando.

Valeria dejó el café sobre una jardinera y comenzó a correr. Sus tacones resonaron contra el pavimento al tomar un callejón solitario entre dos edificios altos. La ciudad quedó atrás por un instante, reemplazada por sombras, muros húmedos y la respiración acelerada de una mujer que estaba a punto de convertirse en algo más.
Se detuvo en seco.

Su mano derecha brilló primero.

Una chispa roja.

Luego otra.

La energía carmesí recorrió su brazo como una corriente viva, envolviendo su piel en destellos intensos. Valeria cerró los ojos un instante, concentrándose. Sintió el calor expandirse desde su pecho hasta cubrir todo su cuerpo.

El aire vibró.

Un resplandor rojo iluminó el callejón.
Cuando volvió a abrir los ojos, Dama Carmesí estaba allí.

Su traje rojo, negro y plateado abrazaba su figura con una presencia imponente. La energía rojiza danzaba a su alrededor como pequeñas llamas vivas. Ya no era solo Valeria Rojas, la mujer que caminaba por la ciudad con un café en la mano.

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