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Merope se había enamorado, pero no de cualquier joven

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Merope se había enamorado, pero no de cualquier joven. Justamente de aquel muggle del apellido Riddle, heredero de las tierras en la colina de Hangleton.
El muchacho poseía una mirada seria, un rostro apuesto, un hombre de pocas palabras pero de gestos analíticos, la joven bruja solía observarlo cuando esté sale a montar sobre su corsel negro en los senderos o medio del bosque.
Apesar de estar apartados del pueblo muggle, la muchacha solía escabullirse para mirar a los pueblerinos o simplemente admirar al hombre de sus sueños.

Siempre era la misma rutina, esperar que su padre ebrio esté aún dormido para preparar algo de comer en silencio. Incluso ignorando al tosco y poco elocuente de su hermano, estaba cansada...
Bastante cansada de esa vida miserable, ver como otras jovencitas pueden casarse e irse lejos para encontrar un mejor futuro.
De vez en cuando caminaba por el bosque y recogía lo más comestible que encontraba, frutos, hiervas y otras veces semillas.
No solía irse sola a comprar en los pequeños puestos del pueblo, siempre con su padre o con su hermano.
Cada vez que salían ella se vestía lo más discretamente posible, con aquellas telas desaliñadas y vestidos viejos.
Con una pañueleta se cubría el rostro, su mayor inseguridad, no nació con un bonito rostro ni con ojos "normales". Fenómeno, se sentía como una horrible criatura de terror que las madres cuentan a sus retoños para dormir.
Se la pasaba mirándose el reflejo por las ollas limpias o por el agua transparente del río, peinandose el cabello azabache con auto desprecio.
Odiaba su rostro, sus ojos, sus cabellos y su voz. No se encontraba con nada bueno en su anatomía, peor cuando algunos aldeanos curiosos conseguían verla por un momento y se desfiguraban el rostro por expresiones de asco.

Se lamentaba en silencio, no conseguía consuelo alguno. Además que detestaba la mera presencia de su padre e hermano, hombres que atribuyen solamente problemas. Muchas veces los viejos dueños de los bares venían por las deudas, la muchacha solo podía esconderse en su habitación haciéndose hovillo para encontrar un refugio.
Los golpes, gritos y vidrios rotos eran parte de muchas noches en vela para la joven.

Conocer al señorito Tom fue, como un hermoso milagro a su vida solitaria, era una tarde cualquiera. Caminaba por el bosque hasta que escucho los galopes y a los perros de caza, el señor Riddle y su único hijo salieron a cazar por la temporada.
Escondida miró cómo el señor daba órdenes a los perros mientras cargaba su arma. Pero cuando el joven de cabellos pelinegros en su corsel oscuro entró a su visión fue hipnótico.
Ella no controlaba los latidos de su corazón, sin poder entender al principio como sus mejillas se calentaban y sentía las famosas "mariposas en el vientre ".
Se enamoro, se enamoro perdidamente del joven, se la pasó viéndolo hasta que se marcharon.
Una vez que terminaba sus labores y conseguía escapar, se hiba a propósito por la propiedad de los Riddles.
Si con suerte puede volver a ilusionarse y vivir un encantador sueño de amor con el joven...
Sabía que no sería posible ese camino, nisiquiera se detendría a observar semejante espanto cómo ella, o pensar en unirse a matrimonio con una simple "pueblerina sin gracia".
Observar la luna por las noches desde su ventana se volvió su pasatiempo, se preguntaba como podría llegar a la vida del joven.
¿Cómo enamorarlo?, ¿cómo tener su atención?, ¿cómo llegar a ser tan bonita para cautivarló?.
¿Acaso existe aquella posibilidad de lograrlo, lograr su mayor anhelo?.

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⏰ Last updated: Apr 18 ⏰

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