Lima-Perú
1/02/26
—¡Alejandro! —el nombre del más joven resonó por cada rincón de la casa Aramburu, quebrando el silencio de la tarde.
Alejandro fue el primero en bajar las escaleras a tropezones, seguido por su madre y su hermana, quienes compartían ese mismo aire expresivo y de facciones suaves tan característico del menor.
—¿Qué pasó, papá? ¿Por qué gritas así? —preguntó el rubio, deteniéndose en el último escalón.
Su preocupación disminuyó notablemente al ver la expresión de su padre. El hombre tenía una sonrisa de oreja a oreja, pero su mirada no estaba con ellos; yacía completamente perdida, fija en la pantalla del dispositivo que sostenía entre las manos. Sin decir una palabra, giró el celular hacia su familia. Allí, bajo un logo dorado e imponente, la palabra "BECA" brillaba con una formalidad fría que a Alejandro, de inmediato, le causó un extraño escalofrío.
La madre del rubio fue la primera en arrebatarle el teléfono a su esposo. Tras analizar el remitente del correo electrónico de manera rigurosa, carraspeó y leyó en voz alta:
«Estimada familia Aramburu:
*Por medio de la presente, el comité de admisiones de "LA ÉLITE", la institución de alto rendimiento más prestigiosa de México y América Latina se complace en comunicarse con usted. Tras un riguroso período de visoria y análisis de la destacada trayectoria deportiva del joven Alejandro Aramburu, nuestra división de profesionales ha determinado que posee el perfil de excelencia que buscamos. *
Es un honor otorgarle una beca completa para que curse su último año de educación superior en nuestro campus principal. Esperando contar con su pronta y afirmativa respuesta para iniciar los trámites de visado, nos despedimos cordialmente».
Lo siguiente fue una explosión de gritos. La casa pareció sacudirse de la alegría de sus padres y los saltos de su hermana. En un segundo, los tres se fundieron en un abrazo asfixiante, impulsados por un orgullo tan inmenso en el pecho que casi los hacía llorar de la emoción.
Mientras tanto, el mundo de Alejandro se detuvo.
El bullicio de su familia se convirtió en un eco lejano, un zumbido sordo en sus oídos. Se quedó clavado en la esquina de la sala, con la boca abierta y las manos congeladas a los costados. Sus ojos no veían las celebraciones, sino que se desviaron, por puro instinto, hacia el rincón más oscuro debajo de las escaleras, donde el estuche de su guitarra descansaba oculto tras unas cajas. Sintió que el aire se volvía pesado.
—¡Esperen! ¡Esperen un ratito! —bastó esa sola frase, dicha con un hilo de voz, para que Alejandro cortara en seco el ambiente festivo.
Sus padres se detuvieron a mitad de un festejo, mirándolo confundidos. El silencio que se formó fue incómodo.
—¿No estarán considerando enviarme ahí, verdad? —soltó al fin.
Su hermana mayor soltó un suspiro de frustración y se cruzó de brazos. —Aterriza un poco, hermanito. Debes estar bromeando —lo confrontó, tratando de hacerlo razonar—. ¿Eres consciente de lo prestigiosa que es esa institución? Es el sueño de cualquier deportista. Van los mejores de los mejores del continente.
—O sea, sí, yo sé... —Alejandro bajó la mirada, jugando nervioso con el dobladillo de su polo—. Pero yo no necesito esa beca. Siento que... no sé, que le estaría quitando el puesto a alguien que realmente lo merece, a alguien que de verdad se muera por ir. Además, ¿cómo voy a sobrevivir allá solo? Sin ustedes, sin mis amigos, sin mi barrio, nuestra comida... sin mi querido Perú.
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CORAZÓN DE PLEBEYO | ALEBI
FanfictionEn Élite, la institución más prestigiosa de México, todos aprendían una misma lección: encajar, sonreír cuando correspondía, callar cuando era necesario y obedecer sin cuestionar. Gabriel llevaba años haciéndolo. Había aprendido a moverse dentro de...
