El rugido de un motor a reacción hizo vibrar los cristales de la planta cuarenta y dos. No me molesté en levantar la vista del monitor; por la frecuencia del zumbido, sabía que era el idiota de turno surcando el cielo con un traje de quinientos millones de dólares. Mientras él salvaba al mundo para la foto de portada, yo me dedicaba a lo que realmente importaba: decidir cuánto costaba el rastro de sangre que dejaba a su paso.
Ajusté mis auriculares. El café de la máquina estaba frío y sabía a desesperación, pero era lo único que me mantenía despierta en este turno de noche en Sidekick Assurance & Co. En mi pantalla, un punto rojo parpadeó. Era un siniestro en curso. Una nueva llamada.
—Asistencia Médica en Combate, le atiende el agente de guardia —dije, usando mi voz de "no me importa si te estás desangrando, solo dame tus datos"—. Por favor, indique su número de identificación de empleado y el código de su hemorragia.
Al otro lado, el sonido era un infierno. Explosiones, el crujir del metal retorciéndose y el silbido del viento. Esperaba el habitual grito de pánico o un insulto cargado de adrenalina. En su lugar, escuché un suspiro largo, casi resignado.
—Identificación... —una pausa, seguida de un quejido sordo—. Número 218. Y el código... bueno, creo que es un 4-B. Aunque, para ser honestos, ahora mismo me preocupa más el hecho de que tengo un robot de servicio encima de mis piernas que el corte en mi hombro.
Su voz no encajaba con el caos de fondo. Era tranquila, pausada, extrañamente cálida para alguien que estaba siendo aplastado por los restos de una batalla épica.
—Número 218, el impacto por robot de servicio entra en la cláusula de "negligencia por entorno" si no estaba activado en modo combate —respondí, mis dedos volando sobre el teclado por puro instinto—. Si se ha movido de la zona de impacto, la póliza queda anulada. No se mueva.
—Créame, no tengo intención de ir a ningún lado —respondió él. Escuché un crujido metálico y, de repente, una risa leve, corta—. ¿Sabe? Me dijeron que los de la aseguradora eran máquinas sin sentimientos, pero usted tiene una forma de decir "anulado" que suena casi... profesional.
Arqueé una ceja, mirando el reflejo de mi propio rostro cansado en la pantalla negra del ordenador. Mis labios oscuros se apretaron en una línea recta. Nadie me hablaba así durante un siniestro total.
—Es una virtud, Número 218. Ahora, guarde silencio mientras verifico la cobertura de su seguro de vida.
—Espere —me interrumpió él. El ruido de una capa cortando el aire pasó cerca de su auricular. El héroe estaba cerca—. Antes de que me ponga en espera... quería decirle que tiene razón. El café de la máquina de la entrada es horrible. Debería probar a traer un termo mañana. Yo lo hice, pero se rompió cuando el Capitán me lanzó contra la pared. Una lástima, era de acero inoxidable.
Me quedé congelada con el dedo sobre la tecla de "Silencio". Nadie se fijaba en el café. Nadie se fijaba en mí. Y nadie, absolutamente nadie, intentaba entablar una conversación trivial mientras el héroe más grande de la ciudad intentaba convertirlo en una estadística.
—Céntrese en sobrevivir, 218 —murmuré, y por primera vez en años, mi voz no sonó tan profesional—. Si muere antes de que termine de rellenar el formulario 12-B, tendré que hacer el doble de papeleo.
Me quedé congelada con el dedo sobre la tecla de "Silencio". Nadie se fijaba en el café. Nadie se fijaba en mí. Y nadie, absolutamente nadie, intentaba entablar una conversación trivial mientras el héroe más grande de la ciudad intentaba convertirlo en una estadística.
—Céntrese en sobrevivir, 218 —murmuré, y por primera vez en años, mi voz no sonó tan profesional—. Si muere antes de que termine de rellenar el formulario 12-B, tendré que hacer el doble de papeleo.
—Haré lo que pueda —susurró él, y pude jurar que estaba sonriendo a pesar del dolor—. Solo porque no quiero arruinarle la noche.
Corté la comunicación, pero mi corazón, ese músculo que yo creía enterrado bajo montañas de facturas y cláusulas de exclusión, dio un vuelco repentino. Me quedé mirando el punto rojo en el mapa.
Él no sabía mi nombre. Yo no sabía el suyo. Para el sistema, él era un riesgo y yo era un filtro. Pero en ese segundo de silencio, entre el estruendo de los héroes y el frío de la oficina, algo en la letra pequeña de mi vida acababa de cambiar para siempre.
— Comienzo: 11 de abril de 2026.
— Finalización:
— 1.ª Edición:
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Villain Care Service
Science Fiction❝En un mundo de héroes perfectos y villanos de pacotilla, la letra pequeña es la única que no miente.❞ Charlotte es la mejor ajustadora de seguros de Sidekick Assurance & Co., una mujer de hielo que decide, bajo el brillo de su monitor, quién vive y...
