Mientras daba vueltas en mi cama, intentando dormir, recordé las palabras que había escuchado en la televisión la semana pasada.
Estaba con mi novio, pasando la noche juntos. Él ya comenzaba a quedarse dormido cuando cambié el canal. Un narrador hablaba; creo que era un documental sobre insectos. Por alguna razón, esas palabras se me quedaron clavadas en la cabeza.
"Las cucarachas pueden vivir sin cabeza durante varios días o incluso... semanas".
"No respiran por la boca, sino por orificios llamados espiráculos, distribuidos a lo largo del cuerpo. Por su parte, la cabeza separada puede seguir moviendo las antenas durante un tiempo".
Leo despertó y trató de convencerme de irnos a la cama a dormir. Miré la mesa frente al televisor: había una caja de pizza, platos, vasos y algo de basura. Le dije que se adelantara, que yo iría unos minutos después.
Levanté los platos sucios y, al entrar a la cocina y encender la luz, lo vi de inmediato. Era un pequeño ratón. Paseaba sobre la mesa como si buscara algo. Al moverme, salió disparado hacia un hueco en la alacena. Está de más decir que intenté ignorarlo. Leo me llamaba desde la habitación.
Antes de ir, levanté la cobija del sofá donde habíamos estado. Al hacerlo, una enorme cucaracha subió por mi mano y corrió por mi brazo, dispuesta a meterse por mi camisa. La sentí subir hasta mi cuello. El grito que pegué hizo que Leo se levantara de la cama. No sé cómo lo hice, pero la cucaracha terminó en el suelo, donde Leo la aplastó con fuerza.
Yo seguía exaltado.
"Corazón, Max, mírame... ya está, se fue", dijo Leo mientras me tomaba de los hombros y me abrazaba.
No le temo a los insectos. O al menos eso creía. Traté de respirar con normalidad. Leo pensó que tenía una fobia o algo parecido; la importancia que le dio fue tan poca que incluso llegué a pensar que estaba exagerando.
Al recostarnos, Leo me abrazó por la espalda.
Algo que no le dije esa noche, porque pensé que me tomaría por paranoico, fue que, no sé cómo, pero estaba seguro de que quería entrar a mi oído. El recorrido que hizo desde mi mano hasta mi cuello fue tan rápido que parecía planeado.
Dormí poco esa noche. La sensación de algo clavándose en mi piel no me dejaba descansar con tranquilidad.
Al despertar, Leo me dio un pequeño beso en la mejilla y se alistó para ir al trabajo. Escuché la puerta cerrarse y el silencio de la casa se volvió profundo. Al girarme en la cama, la vi.
Era otra enorme cucaracha. Estaba sobre mis sábanas.
En cuestión de segundos, voló hacia mí. Me alarmé y me metí debajo de la sábana. Creí que quería meterse por mi oído. Estaba tan asustado como confundido. No soy un experto en insectos, pero sabía que las cucarachas no atacan... aunque en ese momento eso fue exactamente lo que sentí.
Similar a la primera enorme cucaracha de la noche anterior, esta parecía querer atormentarme.
La cucaracha saltó de la cama y corrió hacia la sala. Asustado, pero lleno de dudas, la seguí. La vi meterse por el mismo hueco de la alacena donde se había metido el pequeño ratón.
Más que miedo, sentía confusión.
Encendí la linterna de mi celular y revisé con cuidado la entrada del hueco; había restos del pequeño ratón rodeados de hormigas. No parecía llevar días ahí, como si las hormigas ya lo hubieran visto y estuvieran planeando llevarlo a su colonia. Tenía mordidas por todo el cuerpo, pero especialmente en la cabeza. Con temor y algo de asco tomé una fotografía y fui por el insecticida.
Al intentar usarlo, me di cuenta de que estaba vacío.
Me puse el abrigo y salí rápidamente al supermercado. Trataba de mantener la calma, pero me costaba demasiado. Al llegar al pasillo de limpieza pude ver demasiados insecticidas; las similitudes eran muchas: "mata al instante", "efecto fulminante". Con las cosas que había visto, esas frases se veían como puras mentiras.
Estando a punto de tomar uno, sentí algo en mi hombro. Pensé que era otra enorme cucaracha; me giré con rapidez, tumbando algunos insecticidas que rodaron debajo del estante.
"Oye, Max, ¿estás bien?". Se trataba de Damien, un amigo que llevaba años sin ver.
"Si no te conociera, diría que estás drogado o que le temes a los insectos. Déjame recoger".
"Perdón, últimamente creo que los insectos me siguen. Déjame ayudarte a recoger lo que tiré".
"¿Una plaga? Bueno, Maxito, sea lo que sea, alguno de estos insecticidas debe ayudarte".
Damien sacó un último insecticida debajo del estante. Tenía por nombre "CUCARACHAS". No se veía similar a los demás: estaba bastante viejo, algo abollado y muy sucio.
Damien trató de limpiarlo un poco. Al hacerlo, pude ver una frase que se mantenía oculta por la suciedad: "Afecta el sistema nervioso del insecto".
Le pedí que me lo pasara. Al girarlo, pude ver que se había fabricado hace casi seis años.
"Creo que esto lo dejamos de vender hace años. Bueno, como te decía, Maxito, alguno de estos insecticidas debe ayudarte. Tiraré esto a la basura".
Pensé en aquel pequeño ratón muerto en la alacena, así que tomé un insecticida al azar, trampas y demás cosas que vi, y me dirigí a la caja para pagar.
"¿Una plaga en casa?", me dijo el cajero.
"Algo así", le respondí un poco incomodo y cansado.
El cajero tenía problemas para abrir la registradora; intentó forzarla y, al jalar la manija con fuerza, pude ver una enorme cucaracha dentro de la caja registradora.
Sin pensarlo, usé el insecticida. El cajero me miró confundido, pero lo entendió en cuanto vio que rociaba al insecto. Ambos observamos cómo dejaba de moverse. No tenía a dónde ir. Pensé que estaba muerta; el cajero también lo creyó.
Con una hoja de papel, la sacó de la caja registradora.
Pero los dos nos quedamos inmóviles cuando la vimos moverse de nuevo, con desesperación. El cajero soltó un grito de dolor y la soltó mientras intentaba sostener su mano con fuerza. Miré al suelo y vi huir a la cucaracha hacia la calle, metiéndose por una rejilla del drenaje.
El cajero me miró muy confundido y con asombro. Me dijo en voz baja algo que me puso aún peor de lo que ya estaba.
"Esa cosa... esa mierda me mordió".
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CUCARACHAS
Science FictionLas cucarachas pueden sobrevivir sin cabeza durante días... incluso semanas. No respiran por la boca, sino a través de pequeños orificios llamados espiráculos, distribuidos a lo largo de su cuerpo. Mientras tanto, una cabeza separada aún puede mover...
