Flores Marchitas En La Arena

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El sol de Konoha siempre le había parecido a Gaara demasiado brillante, casi insultante. Pero ahí estaba Lee, riendo.

Esa risa era el único sonido que calmaba a la bestia en su interiorSin embargo, hoy el sonido estaba contaminado.

Sakura Haruno estaba demasiado cerca. Su mano rozó el brazo de Lee mientras reían por alguna tontería sobre un entrenamiento.

Gaara, oculto bajo la sombra de un gran roble, sintió cómo la arena dentro de su calabaza empezaba a hervir, golpeando las paredes de madera como un animal enjaulado."Ella lo toca como si le
perteneciera", pensó Gaara. Sus nudillos se pusieron blancos. No era envidia; era una necesidad biológica de eliminar la amenaza.

Lee se despidió con su energía de siempre, prometiendo verla mañana. Sakura caminó tranquila hacia los límites del bosque, tarareando una canción. No sabía que el aire a su alrededor se estaba volviendo pesado, cargado de un polvo fino y rojizo.

—Es una lástima —susurró una voz ronca detrás de ella."Ella lo toca como si le perteneciera", pensó Gaara. Sus nudillos se pusieron blancos. No era envidia; era una necesidad biológica de eliminar la amenaza.

Lee se despidió con su energía de siempre, prometiendo verla mañana. Sakura caminó tranquila hacia los límites del bosque, tarareando una canción. No sabía que el aire a su alrededor se estaba volviendo pesado, cargado de un polvo fino y rojizo.

—Es una lástima —susurró una voz ronca detrás de ella."Ataúd de Arena" no dejó rastro. Cuando Gaara terminó, solo quedaba un pétalo de cerezo aplastado en el suelo, que él mismo se encargó de enterrar profundamente bajo la tierra.

Minutos después, Gaara alcanzó a Lee en el camino principal.

—¿Gaara? ¡Pensé que ya te habías ido a la oficina del Hokage! —exclamó Lee con una sonrisa radiante.

Gaara le devolvió una mirada serena, casi dulce.

—Me distraje con algo de maleza en el camino, Lee. Ya está solucionado.

ámame (gaalee) Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora