(nota;una disculpa por abandonar lágrimas de angel había eliminado la aplicación y no recordaba que tenía una historia bueno eso ya no importa aquí les traigo una nueva diferente espero les guste y rezen que no la abandone).
La mansión de los Tachibana se alzaba imponente bajo el cielo gris de la tarde, sus ventanas iluminadas apenas capaces de ocultar lo que ocurría dentro. Desde afuera, cualquier vecino que pasara podría escuchar risas crueles, gemidos exagerados y, entre todo ese ruido, un nombre repetido una y otra vez como si fuera un insulto.
Hiroki.
En uno de los cuartos del piso superior, sobre una cama demasiado grande para él, yacía un chico de cabello rubio, delgado hasta los huesos, con heridas frescas marcadas en su piel. Tenía los ojos cerrados, pero no dormía. Simplemente había aprendido que era mejor no ver.
A varios kilómetros de ahí, en una casa amplia pero sin pretensiones, la sala principal respiraba una tensión distinta.
Eran al menos doce personas. Algunos sentados en los sillones, otros de pie junto a las paredes, todos mirando hacia el centro de la habitación donde la abuela Morí permanecía con los ojos cerrados, las manos sobre el regazo, inmóvil como si estuviera esperando que el silencio se rindiera primero.
La abuela Morí no necesitaba hablar para imponer su presencia.
Fue un hombre de mediana edad quien rompió primero:
— ¿Por qué nos llamó la abuela? No dijo nada por teléfono. — Su voz cargaba más impaciencia que preocupación real.
Una mujer a su lado cruzó los brazos.
— Evidentemente es algo importante. — Hizo una pausa y miró hacia la puerta de entrada. — Oye, ¿y dónde están Kaede y Mia? No las he visto llegar.
El ambiente cambió de golpe. Fue como si alguien hubiera abierto una ventana en pleno invierno.
Un hombre más joven, corpulento, con la mandíbula apretada, soltó una carcajada sin humor.
— Es mejor que esas putas no aparezcan por aquí. Ya no son parte de esta familia. No después de todo lo que han estado haciendo.
Nadie lo contradijo.
Desde el otro lado de la sala, un hombre de mayor edad negó con la cabeza, la mirada baja.
— Es una vergüenza. Una vergüenza para el apellido Morí. Faltarle el respeto a Koichi de esa manera... — Hizo una pausa cargada. — Y lo que le están haciendo a su hija tampoco tiene nombre.
— Y Mia igual. — Una mujer de cabello oscuro y voz afilada habló desde su silla sin molestarse en levantar la vista. — En vez de ayudar a nuestro sobrino, hace exactamente lo contrario. Como si le disfrutara. Una vergüenza completa.
Las voces comenzaron a superponerse. El tono subió. Las palabras se volvieron más duras, más directas, porque dentro de esa sala no había secretos: todos sabían lo que Kaede y Mia llevaban meses haciendo. Todos sabían lo que les estaban permitiendo hacer a sus hijas y a las demás.
Y todos sabían el nombre del que pagaba las consecuencias.
Hiroki.
La abuela abrió los ojos y levantó la mano. El ruido murió de inmediato.
Sus ojos oscuros recorrieron la sala sin prisa, tocando a cada persona como si les estuviera leyendo algo escrito en la frente. Cuando habló, su voz era baja, casi suave, pero nadie en esa habitación habría osado no escucharla.
— Ya hablaron suficiente. — Hizo una pausa. — Ahora escúchenme a mí. Lo que hicieron Kaede y Mia es imperdonable, pero aún no es el momento. Hiroki todavía no está listo —
Su voz se detuvo abruptamente. La sala entera se tensó.
— Abuela, ¿está todo bien? — dijo la mujer de cabello oscuro, inclinándose hacia adelante.
El hombre joven dio un paso al frente instintivamente, pero un hombre mayor levantó la mano deteniéndolo antes de que pudiera acercarse.
— Todos tranquilos. Esto es normal. — Lo dijo con una gran sonrisa, y varios otros en la sala asintieron con la misma expresión serena, como si supieran algo que los demás no.
— ¿Normal? — repitió la mujer de cabello oscuro con el ceño fruncido. — ¿De qué manera es normal que la abuela se detenga de repente en medio de una frase?
Varias voces comenzaron a elevarse al mismo tiempo, pero la abuela levantó la mano una vez más y el silencio volvió a caer como una piedra.
— Como iba diciendo... — retomó ella, con la misma calma de antes, como si nada hubiera ocurrido. — Lo de Kaede y Mia es imperdonable. Y yo, como patriarca actual del clan Morí, asumo esa responsabilidad desde el fallecimiento de Koichi, quien era el patriarca reconocido como todos ustedes saben.
Hizo una pausa breve, dejando que el peso del nombre de Koichi se asentara en la habitación.
— Muchos de ustedes, mis hijos, han estado esperando su momento. Esperando la posibilidad de ser cabeza de familia. — Sus ojos se movieron despacio por la sala, sin acusar a nadie en particular, pero sin perdonar a nadie tampoco. — Sin embargo, como saben, nuestra familia tiene un don que pocos comprenden desde afuera. Podemos hablar con los fantasmas del clan. Podemos comunicarnos con ellos, y ellos nos revelan lo que está por venir. — Hizo una pausa para respirar. — Créanme cuando les digo que lo que se acerca será algo importante. Algo que cambiará muchas cosas.
El silencio que siguió era diferente al anterior. Ya no era el silencio del miedo, sino el de la expectativa.
Fue entonces cuando el hombre más joven levantó la mano con respeto.
— Adelante — dijo la abuela.
Él tragó saliva antes de hablar.
— Entonces, abuela... ¿por qué estamos reunidos exactamente? ¿Qué tienen que ver los fantasmas del clan con todo esto? ¿Con Kaede, con Mia... con Hiroki?
La abuela lo miró fijamente durante un momento que pareció durar demasiado.
Luego, por primera vez desde que había abierto los ojos, esbozó algo parecido a una sonrisa.
— Porque uno de ellos quiere hablar. — dijo en voz baja. — Y ese fantasma... es Koichi.
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lágrimas de angel /2.0
Randomestá es una versión diferente s la anterior aquí HIROKI está muerto y algo más tomo el control que le deparara a este nuevo protagonistas
