Capítulo 1- El inicio de un nuevo episodio.

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Sam era un niño ejemplar; era tranquilo, aunque tímido. Siempre hacía sus deberes antes de la entrega solicitada, y nunca lo mandaban a dirección. En cambio, su amigo Fred era todo lo opuesto: era bastante alocado, pero buena onda. Era muy extrovertido.

Sin embargo, ellos eran muy amigos, estaban en la misma clase y siempre permanecían juntos.

Era un 18 de febrero de 2022; faltaban pocos días para que empezaran las clases, el 24 de febrero. Hacía poco se había empezado a poder tener clases presenciales por el COVID-19. El año pasado las tuvieron en burbujas, una mañana y otra tarde. Estuvieron separados y casi nunca se podían ver, por eso los domingos los llamaban "sagrados", ya que ninguno tenía actividades y se podían juntar a hacer lo que quisieran.

Ellos, por suerte, eran del mismo barrio y amigos desde los 7 años. Ya empezarían, entonces, segundo de secundaria, aunque Fred era unos meses menor. Sam tenía 14, cumplía el 3 de julio; en cambio, Fred tenía 13 y cumplía el 18 de marzo. Ninguno de los dos había cumplido años todavía.

Ellos dos eran de Argentina, en la capital de Buenos Aires.

Era una ciudad grande, con muchísimos habitantes. También estaba bastante contaminada debido a la cantidad de gente, pero no era tan malo vivir allí después de todo.

Era un viernes normal, como aún eran vacaciones no había clases. Fred se despertó y miró su alarma, la cual solo marcaba la hora: eran las 9:17 de la mañana. Se levantó, se lavó la cara y fue a desayunar. Sus padres trabajaban, pero se encontraba allí su hermano mayor, Rodri.

—Hola, dormilón —comentó, y le dio un plato con tostadas con queso—. Llévalas a la mesa y espérame, ¿sí?

—Bueno... —balbuceó Fred, yéndose para sentarse en la mesa.

Luego de comer sus tostadas con leche algo rápido, Fred se fue a vestir. Se puso una remera de básquetbol de Luka Doncic, unos jeans negros y sueltos, y un buzo azul con el nombre de la marca adelante. Luego se puso unas medias tiradas por su cuarto y sus Converse algo viejas, color negro.

Se lavó un poco la cara para despertarse y fue al living.

—Estoy listo —dijo mirando a su hermano, y se sentó a su lado en el sofá.

—Hoy vamos al súper, ¿dale?

—Ok.

Rodri le puso un brazo alrededor del hombro a Fred. Fred no pudo evitar que apareciera una pequeña sonrisa en la punta de sus labios.

Después de un rato de charlar y criticar un programa de televisión que encontraron por ahí, salieron en el auto hacia el supermercado.

El viaje fue silencioso; habían gastado mucha energía hablando, tanto que Fred pensó: "Nunca imaginé que tendría la lengua seca".

(Foto después de esta página)

Ya entraron al supermercado; era grande. Agarraron un carrito que rechinaba un poco y caminaron por los pasillos, buscando lo que necesitaban.

—Ve a ver el precio de esta azúcar —dijo Rodri.

—Está bien.

Fred tomó como pudo el azúcar y trotó entre los pasillos buscando el lugar donde escanear el código de barras para mirar el precio, cuando...

—¡Sam!

Allí estaba, Sam, su mejor amigo. Se encontraba comprando cereales con su mamá.

—¡Fred! ¡Hola!

Era un chico de pelo colorado y un poco largo, ojos marrones claritos y piel clara. También era algo "alto", comparado con Fred.

Ambos se abrazaron y luego hicieron un choque de puños.

—¿Cómo estás? Te extrañé —dijo Sam.
—Solo fueron dos días.
—¿Y qué tiene?
—Nada. Bueno, ¿todo piola?
—Sí.

Fred le sonrió. Sam le devolvió la sonrisa.

—Deberíamos juntarnos —planteó Fred—, podemos decir que es por tarea de la escuela.
—Tenemos la tarea de Sociales.
—Claro, podemos decir que tenemos que juntarnos porque es de a dos.
—Dale, ¿quién pregunta?
—Vos, es más probable que te dejen.

Sam se volteó y miró a su mamá.

—Mami —dijo con voz suavecita. Lo hacía cuando quería pedir algo.
—¿Qué?
—Puede...
—¿Qué? —respondió su mamá.
—¿Puedo invitar a Fred a casa?
—No.
—Dale, ma, tenemos que hacer un trabajo de la escuela.
—¿De? Me dijiste que no había tarea.
—Es de Sociales, pero se hace de a dos personas. ¡Porfaaa!

Dijo y le hizo ojitos.

—Mmh... Bueno, dale. Pero pregúntenle a Rod.

Ambos se tornaron hacia Rodri.

—Rodrigo Beckett Sánchez —dijo Fred.
—¿Qué pasa?
—¿Puedo ir a la casa de Sam?
—¿Tenés tarea?
—Es de a dos.
—¿Dani dijo que sí?
—Sí.
—Ok. Entonces andá, tranqui. Ma y Pa llegan a las cuatro recién.

Fred y Sam sonrieron.

—Gracias, Rodri —agradeció Fred y se dio vuelta a Sam para festejar.

—¿En serio hay tarea de Sociales? —preguntó Fred en voz baja a Sam.
—Sí, el del mapa, tarado.
—Ahh —recordó Fred—. Verdad, ya ni lo recordaba.

Luego de hacer todas las compras, Sam y Fred subieron al auto de Dani, la mamá de Sam, y enfilaron rumbo a su casa.

La casa de Sam era, si se podía decir así, de millonarios. Era una casa de dos pisos, blanca con tonos de gris, alta y con un patio de tamaño aceptable. También tenían tres mascotas: Mirko, su perro color marrón y blanco, raza border collie; Pietro, uno de sus gatos, todo gris con rayas; y Akira, una gata blanca como la leche con ojos celestes.

—Llegamos —dijo Dani a los chicos, los cuales estaban sentados detrás.

—¡SÍ!
—¡YAYY!

Se bajaron del auto y entraron a la casa. Sam era hijo único, así que solo vivía con su papá y su mamá, y obviamente, con sus mascotas.

Fueron al cuarto de Sam sin hacer un comentario de la tarea, esperando a que se hubieran olvidado de lo acordado. Se pusieron a charlar.

—¿Y ahora qué hacemos? —preguntó Fred.
—No sé.
—No podemos hacer mucho o se van a acordar.
—Vayamos a la plaza.
—Pero hay que preguntar.
—No es necesario, no me dicen nada, siempre salgo, ni preguntan.
—Emm... Bueno, dale. Vamos a la placita.

Salieron del cuarto silenciosamente, en puntillas de pie, pero caminando rápido. Agarraron las llaves de la casa y del portón y se escabulleron a la plaza que quedaba a dos cuadras.

Fueron rumbo a la plaza. Estaba a unas tres o cuatro cuadras de la casa de Sam. Mientras iban, Sam caminaba algo distraído, mientras Fred solo lo seguía, ya que no tenía mucha idea de dónde estaba la plaza. Charlaron sobre videojuegos, lo mala que era la profe de mates, y cómo cuando volvieran los iban a matar por no hacer la tarea.

—¿Estás seguro que es por acá? —preguntó Fred, no reconociendo la calle.
—Hmm... —Sam paró de caminar. Miró alrededor, con la misma impresión de no conocer esa calle—. Ufá... No sé dónde estamos.
—Si vos no sabés, menos yo —reprochó Fred—. Intentemos volver por donde vinimos.
—Bueno... —Sam y Fred se dieron la vuelta al mismo tiempo. Detrás suyo había una especie de túnel. Quién sabrá cómo llegó ahí.

—¡Dios! —exclamó Sam.
—¿Qué corno es esto?
—No sé, pero esto definitivamente no estaba antes.
—¿Entramos?
—¡¿Estás loco?!
—Quizás, pero si lo estoy por pensarlo, entonces vos también lo estás.

Sam se quedó en silencio. Reflexionó un momento y contestó:

—Bueno, pero solo para ver, después volvemos.
—¡Sí! —festejó Fred.

Entraron al túnel.

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