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El parque estaba lleno de vida esa tarde de sábado. Familias paseando, niños corriendo y el sonido lejano de una heladería ambulante que atraía a todos los pequeños.

Namtan caminaba distraída, con su característico estilo oversized: una camisa blanca holgada que le llegaba casi a la mitad del muslo, combinada con unos pantalones cargo negros anchos y unas zapatillas blancas. Llevaba el cabello suelto y ligeramente ondulado, con un aire relajado y cómodo que le quedaba perfecto.

De pronto, un niño de unos seis años pasó corriendo a toda velocidad con un helado de chocolate en la mano. Sin poder evitarlo, chocó de lleno contra Namtan.

—¡Ay! —exclamó el pequeño al caer sentado en el suelo.

El helado terminó estampado contra la camisa oversized de Namtan, dejando una gran mancha marrón justo en el pecho.

Namtan miró hacia abajo, vio el desastre y luego al niño que la observaba con los ojos muy abiertos, esperando seguramente un regaño.

En lugar de molestarse, Namtan sonrió con ternura, se agachó a su altura y le limpió suavemente la mejilla que también tenía un poco de chocolate.

—Ey, pequeño... ten más cuidado la próxima vez, ¿sí? —dijo con voz suave y cariñosa, sin un ápice de enojo—. Los helados son deliciosos, pero mejor comerlos despacio. ¿Estás bien?

El niño asintió rápidamente, todavía sorprendido por la amabilidad. Namtan le revolvió el cabello con cariño y le ayudó a levantarse.

—Anda, ve con tus papás antes de que te caigas otra vez.

Desde unos metros de distancia, Film había presenciado toda la escena. Vestida con un elegante vestido veraniego blanco que se ajustaba perfectamente a su figura femenina, tacones bajos y el cabello perfectamente arreglado, no pudo evitar sonreír al ver la dulzura con la que Namtan trataba al niño.

Namtan levantó la vista y sus ojos se encontraron directamente con los de Film. Por un segundo, ambas se quedaron mirándose. Luego, Namtan sonrió de lado, con esa expresión relajada y segura que tenía, y se acercó caminando hacia ella.

—¿Por qué sonríes, linda? —preguntó con tono juguetón, señalando la mancha de helado en su camisa—. ¿Te causa risa que me haya ensuciado como si fuera un payaso?

Film soltó una risa suave, casi musical, y se cubrió ligeramente la boca con la mano.

—No es eso... es que fuiste muy linda con el niño. La mayoría de las personas se habrían enojado.

Namtan se encogió de hombros, todavía sonriendo.

—Los niños son niños. ¿Cómo me voy a enojar por un poco de helado? Además, esta camisa es oversized... un desastre más no se nota tanto.

Se miraron unos segundos en silencio. El ambiente entre ellas cambió sutilmente, como si una chispa invisible hubiera saltado.

Namtan inclinó un poco la cabeza, observándola con curiosidad y claro interés.

—Entonces... ¿cuál es tu nombre, linda?

Film dudó solo un instante. Sus ojos brillaron con algo entre diversión y atracción.

—Film —respondió con voz suave pero segura—. Me llamo Film.

Namtan sonrió más ampliamente, como si ese nombre le hubiera gustado de inmediato.

—Film... bonito nombre. Yo soy Namtan. —Extendió la mano con confianza—. Mucho gusto, linda.

Cuando Film tomó su mano, sintió un leve cosquilleo que recorrió su piel. Ninguna de las dos soltó el agarre tan rápido como debería.

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