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Tal vez Cass había comido demasiado, porque de nuevo aquella pesadilla que creí superada volvió. En ella estaba de pie frente a una figura encapuchada, balbuceante, sucia y encorbada.
El ser intentaba acercarse a ella, pero parecía atado mágicamente y murmuraba - siempre estaré contigo - como una amenaza, sentía como si su sangre se volviera demasiado caliente y le quemara desde adentro. Cada vez que la criatura volvía a repetir esas tres palabras su cuerpo se volvía más pesado y su sangre ardia más y más.

De pronto el sueño cambio, en el podía ver a una chica de rodillas frente a una gran puerta de cristal, intento acercársele, pero un estallido de luz verde se lo impidió, escucho un grito desgarrador.

La chica se despertó, temblando y empapada en sudor, al abrir los ojos noto que aún era demasiado temprano, sin embargo sabía que ya no podría volver a dormir, miro a su alrededor el compartimento del tren vacío, afuera el murmullo de cientos de estudiantes moviéndose por los pasillos, emocionados por llegar al castillo.

Había memorizado todo, en Hogwarts había 142 escaleras, algunas amplias y despejadas, otras estrechas y dañadas. Algunas llevaban a un lugar diferente los viernes, mientras que otras tenían un escalón que desaparecía a mitad de camino y había que recordarlo para saltar. Después, había puertas que no se abrían, a menos que uno lo pidiera con amabilidad o les hiciera cosquillas en el lugar exacto, y puertas que, en realidad, no eran sino sólidas paredes que fingían ser puertas.

Recordaba las direcciones de todos los salones así como de lugares importantes. aun así era muy difícil recordar dónde estaba todo, ya que las cosas cambiaban de lugar continuamente.

Sí ella tuviera que decir cuál era la peor parte de su nueva escuela posiblemente escogería a los fantasmas del castillo,

Nick Casi Decapitado fue el primero en recibirla, era servicial, pero jamás le gustó la sensación de ser atravesada por un fantasma. Aún así fue gracias a el que consiguió llegar hasta un pasillo en el tercer piso.

A mitad del pasillo, un muchacho aguardaba de pie, impasible como si nada fuera demasiado importante.

-Ahí está, señorita. El joven de aspecto extraño que me pidió encontrarla -anunció el fantasma. Ella asintió, dibujando una sonrisa ladina.

-Le agradezco, Sir Nicolás -respondió, inclinando ligeramente la cabeza antes de alejarse en dirección al muchacho.

El sol apenas comenzaba a asomarse por el horizonte, tiñendo de luz tenue las piedras del castillo. El pasillo estaba vacío; solo ellos dos ocupaban ese momento suspendido entre la noche y el día, una hora perfecta para las mejores platicas.

El muchacho tenía facciones finas. Su cabello castaño estaba impecablemente peinado y vestía la túnica negra reglamentaria. Sin embargo, lo que más llamó su atención fue el jersey verde con rayas grises.

-Sabía que intentarías buscarme -dijo él con calma, avanzando hacia ella y observándola con una intensidad casi analítica-. Por eso le pedí a ese fantasma que te encontrara y te guiara hasta mí.

Ella soltó un leve resoplido, fingiendo molestia. -Apenas puse un pie en la escuela cuando me arrastró hasta aquí -replicó con un reproche suave.

Pero ambos sabían la verdad; necesitaban comprobar que el otro estaba bien.

-Te queda bien el verde, Luc -comentó ella con ligereza.

Él sonrió con esa seguridad que le era tan propia. -Siempre supe que el rojo era tu color, Cass -respondió, acomodando el cuello de la camisa de la chica suavemente; una acción tan repetida que le era natural.

Durante un instante, el mundo pareció reducirse a ese pequeño gesto, al conocimiento de que ambos estaban bien, seguros y juntos.

-Ya no tienes que hacer eso- murmuró la chica con vergüenza, Luc Sonrió con gracia y asíntio.

Corona de Espinas (Hermione Granger)Stories to obsess over. Discover now