Cap 1: No fue coincidencia

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El salón 1.B era un caos como siempre.

Calor, ruido, gente hablando sin parar y el profe **** intentando explicar algo que a nadie le importaba. Todo normal... hasta que Jaciel decidió abrir la boca.

-Oye -dijo, recargado en su mesabanco-, ¿siempre estás de malas o hoy es especial?

Jorge dejó de escribir.

-¿Qué te importa? -respondió, sin voltearlo a ver.

Jaciel sonrió, de lado.

-Nada... me entretiene.

Ahora sí, Jorge giró.

Las miradas chocaron.

Pesadas.

-Bájale -dijo Jorge.

-Hazme.

Y listo.

Desde ahí, todo se volvió incómodo.

No se gritaban todo el tiempo, pero se buscaban. Se miraban "buscando pedo". Se medían. Como si cualquier cosa fuera excusa para iniciar algo.

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A la salida, el sol pegaba fuerte.

Jorge caminaba hacia la parada de camiones que queda fuera de la secundaria, llena de estudiantes de la misma tanto como estudiantes del conalep, como siempre. Sin ganas, sin prisa, con esa cara de que nada le importaba.

Lo que no esperaba era escuchar esa voz.

-¡Te dije que no puedo hoy! -era Jaciel.

Jorge no iba a voltear... pero algo en el tono lo hizo detenerse.

Jaciel estaba un poco más adelante, de espaldas, con el celular pegado al oído.

-No, no es que no quiera... es que salgo tarde -pausa-. Pues dile que espere... -otra pausa-. ¡Pues no sé, jefe, yo no puedo hacer todo!

Jorge frunció el ceño.

Jaciel no sonaba como en la escuela.

-...sí, ya sé -dijo, más bajo-. Pero también tengo cosas.

Silencio.

Jaciel pateó una piedrita del suelo.

-...ya voy.

Colgó.

Se quedó quieto unos segundos, respirando hondo, claramente fastidiado.

Y luego caminó.

Hacia la parada del ruta 14.

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Jorge lo notó.

Y eso no le gustó.

Cuando llegó a la parada, Jaciel ya estaba ahí, viendo al suelo, como si estuviera en su propia onda.

Jorge recordaba haber visto a Jaciel subir al camion qué va hacia fuera de la ciudad,pero nunca a uno de ruta.

Jorge se acercó.

-¿Te perdiste o qué?

Jaciel levantó la mirada.

Volvió a ser él.

-¿Te molesta?

-Sí.

-Entonces qué bueno.

Pero esta vez no sonó tan ligero.

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El camión llegó.

Lleno.

Subieron.

Sin hablar.

Sin ganas.

Sin espacio.

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El interior estaba peor: calor, gente apretada,aroma a vape quemado, ruido.

Terminaron parados, casi frente a frente, sosteniéndose de donde podían.

El camión arrancó de golpe.

Jaciel perdió un poco el equilibrio y chocó con el hombro de Jorge.

-Fíjate -dijo Jorge.

-Pues no hay espacio, pndj0.

Otra sacudida.

Más cerca.

Demasiado cerca.

Por un momento, ninguno habló.

Y eso era raro.

Jaciel miró hacia otro lado, fastidiado.

-Pinche día qlero...

Jorge lo escuchó.

-¿Qué? ¿Tu papá te regañó o qué?

Jaciel lo miró con desprecio.

-Cállate.

-Te escuché.

Silencio.

Jaciel dudó un segundo.

-Tengo que ir a hacer un mandado -dijo al final, seco-. No puedo ir a mi casa.

Jorge no respondió de inmediato.

Solo lo miró.

Como si quisiera decir algo más... pero no.

-Pues ni modo -dijo al final.

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El camión avanzaba.

Paradas.

Gente bajando.

Pero ninguno se movía, aunque ya había espacio.

Jaciel volvió a hablar, más bajo.

-Qué flojera.

-Pues bájate -respondió Jorge.

-No puedo.

-Entonces no te quejes.

Jaciel rodó los ojos.

-Cállate mejor.

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Pero no se callaron.

Solo dejaron de hablar.

Y el silencio entre ellos... no estaba cómodo.

Estaba cargado de sensaciones extrañas.

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Después de varias paradas, el camión se detuvo.

Jorge se movió.

Se bajó sin decir nada.

Como siempre.

Sin despedirse.

Sin voltear.

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Pero esta vez, Jaciel sí lo miró.

Desde la ventana.

Siguió con la mirada cada paso de Jorge, fijándose bien en dónde se bajaba, en la calle, en la esquina... en todo.

Como si lo estuviera guardando.

Como si fuera importante.

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El camión arrancó de nuevo.

Y Jaciel se quedó viendo hacia atrás unos segundos más.

Luego se recargó en el asiento, suspirando.

-Qué fastidio...

Pero no estaba hablando del camión.

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Porque ahora ya sabía algo más.

Sabía dónde se bajaba Jorge.

Y no se sentía como un detalle cualquiera.

Entre estaciones y destinosStories to obsess over. Discover now