Breve o eterno, todo nos enseña

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Nunca aprendí a decir "te amo" al menos no en ruso y a decir verdad, es que me costaba demasiado.

 Había algo en esas palabras que simplemente no lograba acomodarse en mi lengua y no sabía como modularlas, como si no me pertenecieran del todo. Incluso cuando intentabas enseñarme con esa paciencia tuya que siempre te caracteriza, no pude hacerlo correctamente. 

Lo intenté, eso sí. Más de una vez. Más de las que te dije.

Porque quería que lo sintieras.

Quería que entendieras que estaba haciendo el esfuerzo de hablar en tu idioma, de acercarme a lo que eras, a lo que fuiste para mí. Mi familia. Mi amado. Mi querido mío, así como me llamabas tú.

¿Cómo olvidar cuando patrullábamos las calles?

Porque sí, era trabajo pero nunca lo sentí como tal, para mi era como una cita interminable, una de esas que no necesitan confirmación ni despedida, me sentía tu cómplice. 

A veces bastaba una mirada.

A veces ni siquiera eso.

Y ahora... bueno. Ahora las cosas son distintas.

Por cosas del destino ya no estamos de la misma manera. Ya no coincidimos como antes. Ya no hay patrullas que se sientan como citas, ni silencios que lo digan todo.

Pero igual lo intento.

En mi cabeza, en voz baja, intento decir "te amo" en ruso.

Pero me sigue costando.

Debe ser el acento. No soy ruso después de todo. ¿Crees que eso influya? Suena tonto, pero a veces siento que no es solo la pronunciación es todo aquello que implica decirlo.

Pero aun así, lo intento.

Porque aunque no lo diga bien, aunque nunca lo haya aprendido del todo, Horacio Pérez sigue pensando en Viktor Volkov.

Más de lo que debería.

Más de lo que admite.

Más de lo que puede traducir.

Nunca supe como decirloHistórias para pegar e não largar. Descubra agora