En las periferias del reino de Loredana se alzaba Palor, un pueblo humilde de gente laboriosa. Allí vivía Luca De Darkstone junto a su esposa, Cyristal. Mientras el resto de la aldea se entregaba a sus faenas cotidianas, Luca se imponía una rutina implacable: terminaba sus labores antes del alba para dedicar cada rayo de sol al entrenamiento. Su meta era clara: aprobar el examen de caballería, pues el reino buscaba exploradores y él buscaba un futuro.
Con el paso de los meses, la duda comenzó a sembrarse en su mente. El peso de la responsabilidad se había duplicado tras enterarse, apenas unos días atrás, del embarazo de Cyristal. Ya no se trataba solo de cumplir un sueño personal; ahora, cada estocada al aire y cada gota de sudor eran para el niño que nacería en unos meses. Cuando finalmente se anunció la fecha del examen en los pregones reales, Luca no perdió un segundo. En pocas horas, tenía sus pertenencias listas y el corazón resuelto.
—Cariño, hoy es el día —dijo Luca, deteniéndose en el umbral—. Parto ahora, pero volveré como un caballero. Podremos tener la vida cómoda que te mereces.
Cyristal se acercó y tomó su mano con delicadeza, trazando con el pulgar las nuevas durezas de su piel.
—Mi vida ya es buena porque estás en ella, Luca. No tienes que castigarte tanto —susurró, con una sombra de preocupación en los ojos—. Tus manos se han vuelto callosas de tanto entrenar... Solo te pido una cosa: vuelve de una pieza.
Luca entrelazó sus dedos con los de ella y le dedicó una sonrisa llena de convicción.
—Volveré tal cual me ves. Te prometo que regresaré con el oro suficiente para ti y para nuestro hijo. Estaré de vuelta antes de que me eches de menos.
Sin mirar atrás para no flaquear, Luca emprendió la marcha hacia la ciudadela. Mientras caminaba, dos nombres se repetían como un mantra en su cabeza, dándole fuerzas en cada legua: "Cyristal", su motor, y "Lan Dirgegazer", su pasado. Al caer la noche, las imponentes puertas de la capital se alzaron ante él, rodeadas de una marea de aspirantes que, al igual que él, buscaban cambiar su destino.
Una vez dentro, Luca se dirigió a la zona de los gremios, hasta encontrar un letrero de madera que crujía bajo el viento: La Taberna de los Seis Vientos. Llamó a la puerta con firmeza.
La madera se abrió con un quejido y el rostro de Lan apareció tras ella. Sus ojos se abrieron de par en par al reconocerlo.
—¡No puede ser! ¿Eres tú después de tanto tiempo? —Lan abrió la puerta de par en par, dejando salir el calor del hogar—. Pasa, viejo amigo, no te quedes ahí fuera.
—Gracias por recibirme, Lan —respondió Luca, dejando su petate en un rincón—. Mañana es un día crucial y necesitaba la hospitalidad de un hermano antes de enfrentarme al examen.
—Desde luego. Mañana hablaremos de nervios; esta noche nos pondremos al corriente —dijo Lan mientras servía una jarra de aguamiel espumosa—. Dime, ¿qué ha sido de tu vida en ese pueblo olvidado?
—Ha sido una vida próspera, no puedo quejarme —respondió Luca, sentándose en la barra—. Pero ahora todo cambia. Un bebé viene en camino.
Lan soltó una carcajada y le tendió la jarra.
—Veo que no perdiste el tiempo. Yo también tengo una hija; ya verás, Luca, son la luz de la vida, pero también la razón de nuestros miedos.
Bebieron y conversaron durante horas, refugiados en la nostalgia, hasta que el cansancio los obligó a retirarse. Luca se durmió con la mente puesta en el mañana, convencido de que aquel examen sería el primer paso de su nueva vida.
Al día siguiente, antes de que el sol lograra romper el horizonte, Luca ya estaba en pie. Partió hacia el patio de armas del castillo con un entusiasmo que parecía desbordar su pecho. Para el mediodía, el lugar era un hervidero de jóvenes guerreros. Un orador de vestiduras elegantes subió al estrado principal, desplegando un papiro sellado.
—¡Atención! —clamó el hombre, y el silencio cayó como una losa—. Aquellos que demuestren mayor destreza, caballerosidad y temple serán seleccionados como Caballeros Reales. Vuestra misión será proteger el reino y llevar la ley a los pueblos cercanos. ¡Que la fortuna guíe vuestras espadas!
Un grito unísono de júbilo y determinación sacudió los cimientos de la fortaleza. Los aspirantes comenzaron a dividirse en secciones: defensa, ataque, puntería y artes mágicas. Luca apretó el pomo de su espada, dio un paso al frente y...
—Incluso tu padre sabía a lo que iba sin dudarlo, pero esa es una historia para otra noche, pequeño.
La voz de Lan, ahora más vieja y cansada, rompió la escena. Su mano, marcada por los años, acarició con ternura el cabello de un niño sentado en la cama.
—¿De verdad mi padre era un caballero? —preguntó Zeth, con los ojos brillando bajo la luz de la vela.
—El mejor de todos, muchacho —respondió Lan con una sonrisa triste—. Ahora descansa. Buenas noches, Zeth.
—Buenas noches, señor Lan.
Lan apagó la vela y salió de la habitación en silencio. Se quedó un momento en el pasillo oscuro, escuchando la respiración tranquila del niño. Zeth era el vivo retrato de sus padres: tenía la voluntad de fuego de Luca y la terquedad inquebrantable de Cyristal.
Lan suspiró, sintiendo el peso de los años y de los secretos. Algún día tendría que encontrar el valor para decirle la verdad. Tendría que decirle que, aunque su padre fue un héroe, hay misiones de las que nadie regresa, y promesas que ni siquiera el hombre más fuerte del reino puede cumplir.
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The Lost Knight (Reescrito)
FantasyAtrapado por las sombras de un pasado que no eligió, un joven soñador se ve obligado a sobrevivir bajo la tutela del antiguo aliado de su padre. Sin embargo, los muros de su hogar natal se han vuelto demasiado estrechos. Impulsado por el deseo de fo...
