Sobre el puente

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Sobre el puente

El viento era más fuerte de lo que esperaba.

Desde arriba del Brooklyn Bridge, la ciudad parecía no pertenecerle a nadie. Las luces de los coches se deslizaban como si fueran hilos vivos, y las personas abajo eran apenas puntos en movimiento, pequeñas historias que continuaban sin detenerse.

Se apoyó en la barandilla. Sus manos estaban frías, aunque no sabía si era por el aire o por dentro. Había subido sin pensarlo demasiado, como quien sigue un impulso difícil de explicar. No había música, no había ruido en su cabeza, solo una especie de vacío lleno de preguntas.

Miró hacia abajo.

No sintió vértigo, sino distancia. Una distancia extraña entre él y todo lo que había sido antes: conversaciones, risas, planes que ya no significaban lo mismo. Todo parecía lejano, como si perteneciera a otra vida.

Entonces notó algo.

No era una voz. No era un sonido claro. Era más bien una sensación... como si el lugar guardara algo invisible. Una presencia silenciosa, no como espíritus definidos, sino como rastros: pensamientos que alguna vez estuvieron allí, dudas que no encontraron respuesta, instantes que se quedaron suspendidos en el aire.

Por un momento, no se sintió solo.

No porque hubiera alguien visible, sino porque entendió que no era el único que había llegado hasta ese borde cargando demasiado. Que aquel lugar, de algún modo inexplicable, conocía ese tipo de silencio.

Respiró hondo.

El viento siguió soplando, indiferente, mientras la ciudad continuaba su ritmo constante. Abajo, todo seguía avanzando. Arriba, el tiempo parecía detenerse solo lo suficiente como para pensar.

Y en ese instante, entre el ruido del mundo y el suyo propio, apareció una duda distinta.

No una que empujara hacia el vacío, sino una que preguntaba, muy despacio, si todavía quedaba algo por lo que seguir.

No tuvo una respuesta inmediata.

Pero se quedó.

Sobre el puente Where stories live. Discover now