La música llenaba el lugar con un ritmo alegre, mezclándose con las risas y conversaciones de decenas de estudiantes que celebraban el final de una etapa. Copas chocaban, luces cálidas iluminaban el salón y el ambiente estaba lleno de esa sensación rara que aparece cuando algo importante termina… y algo nuevo está por comenzar.
Lux apoyó el codo en la barra mientras observaba el lugar.
—No puedo creer que por fin terminamos —dijo Diana, levantando su vaso—. Sobrevivimos.
—Apenas —respondió Lux con una pequeña sonrisa.
Diana soltó una risa.
—Habla por ti. Yo cargué al grupo completo.
Lux negó con la cabeza.
—Claro, claro.
Entonces sintió unos dedos tomar su mano.
—¿Te vas a quedar toda la noche burlándote de Diana?
Lux giró y se encontró con la mirada de Zoe.
Sus ojos brillaban bajo la luz del salón y su sonrisa tenía ese aire tranquilo que siempre lograba calmarlo.
—Solo hasta que se canse de escucharme —dijo Lux.
—Eso nunca va a pasar —respondió Diana, levantando su vaso otra vez.
Zoe rodó los ojos.
—Creo que ya es hora de irnos.
Lux miró el reloj.
—Sí… mañana va a doler despertar.
—Habla por ti —dijo Diana—. Yo planeo dormir todo el día.
Zoe soltó una risa suave.
—Vamos antes de que alguien proponga otro brindis.
Lux asintió.
—Buena idea.
Los tres comenzaron a caminar hacia la salida.
Pero antes de llegar a la puerta…
Un estruendo sacudió el edificio.
El sonido fue tan fuerte que hizo vibrar el suelo.
Las conversaciones se detuvieron.
Luego llegaron los gritos.
Primero unos pocos.
Luego decenas.
—¿Qué fue eso? —murmuró Diana.
Otro golpe resonó afuera.
Algo pesado.
Algo enorme.
Las personas empezaron a correr hacia las ventanas.
Lux frunció el ceño.
—Vamos a ver.
Salieron al exterior.
Y entonces lo vieron.
Una criatura deforme se movía entre los autos.
Su cuerpo parecía formado por placas oscuras unidas por líneas negras que se movían como venas vivas.
Era rápido.
Demasiado rápido.
Saltó sobre un hombre.
El hombre gritó.
La criatura clavó algo parecido a una espina en su cuello.
Por un segundo el hombre se quedó quieto.
Luego su cuerpo comenzó a retorcerse.
La piel se agrietó.
Algo oscuro comenzó a expandirse bajo ella.
—¿Qué demonios…? —susurró Diana.
La persona infectada cayó al suelo.
Y comenzó a levantarse.
Lux sintió un frío recorrerle la espalda.
—Nos vamos. Ahora.
Tomó la mano de Zoe.
—Lux… —murmuró ella.
—Al auto.
Los tres corrieron.
Las calles estaban llenas de gritos.
Personas corrían en todas direcciones.
Lux abrió el auto de golpe.
—¡Suban!
El motor rugió cuando giró la llave.
Pisó el acelerador.
Mientras avanzaban, algo cruzó la calle.
Lux frenó de golpe.
Una criatura alta caminaba entre los restos de un coche destruido.
Su cuerpo estaba cubierto de placas rocosas.
Pero lo peor era lo que sostenía en sus manos.
Un hombre.
El hombre gritaba.
La criatura arrancó su brazo con un movimiento lento.
Como si estuviera jugando.
El grito terminó en un sonido ahogado.
El acólito dejó caer el cuerpo… y miró directamente hacia el auto.
Lux aceleró.
—¡Mierda!
Diana se cubrió la boca.
—¿Qué son esas cosas?
Lux no respondió.
Tomó su teléfono.
Marcó un número.
La llamada conectó.
—Mamá.
Silencio al otro lado.
—¿Estás bien? —preguntó él.
La voz de su madre llegó rápida, tensa.
—Lux, escucha con atención.
—¿Qué está pasando?
—No hay tiempo. Ve a esta dirección.
Lux miró la pantalla cuando llegó el mensaje.
Era un punto en el mapa.
Apenas a unas calles.
—Mamá—
La llamada se cortó.
—¿Qué dijo? —preguntó Zoe.
—Que vayamos a un lugar.
Giró el volante.
Entonces lo vio.
En medio de la avenida.
Un ser gigantesco.
Un caballero de la colmena.
Su armadura rocosa brillaba con un tono oscuro mientras arrastraba a una persona por el suelo.
La levantó.
La arrojó contra una pared.
El impacto sonó como huesos rompiéndose.
—Dios… —susurró Diana.
Lux pisó el acelerador.
El caballero giró la cabeza lentamente.
Y empezó a caminar hacia ellos.
—No, no, no…
Lux giró el volante.
Pero entonces—
Un estruendo.
Una enorme piedra cayó frente al auto.
Lux frenó bruscamente.
—¡Maldita sea!
El camino estaba bloqueado.
Y algo cayó detrás de ellos.
Un golpe pesado.
Lux miró por el espejo retrovisor.
Su respiración se detuvo.
Un caballero.
Pero no era como el otro.
Era más grande.
Mucho más.
Las líneas entre su armadura brillaban con un verde esmeralda intenso.
En su cabeza, las placas formaban algo parecido a una corona.
El caballero levantó lentamente la cabeza.
Y sus ojos brillaron.
Lux sintió el peligro antes de entenderlo.
—Salgan del auto.
—¿Qué? —dijo Zoe.
—¡Corran a la dirección que mandó mi madre!
—¡Lux no! —protestó Diana.
Él abrió la puerta.
—Yo les daré tiempo.
Zoe lo miró.
Había miedo en sus ojos.
Pero también algo más.
Lux sostuvo su mirada.
No eran ojos de alguien que aceptaba morir.
Eran ojos que querían vivir.
Zoe apretó los dientes.
—…No te mueras.
—No pienso hacerlo.
Ella tomó a Diana del brazo.
Y corrieron.
El caballero esmeralda avanzó.
El suelo temblaba con cada paso.
Lux tragó saliva.
—Genial…
El caballero levantó el brazo.
Lux retrocedió.
El primer golpe destruyó el pavimento.
El segundo lo lanzó contra un coche.
El aire salió de sus pulmones.
Intentó levantarse.
El caballero se acercó.
Lux apenas podía respirar.
—Bueno…
Sonrió con esfuerzo.
—Creo que esto es el final.
El caballero levantó su brazo para el golpe final.
Y entonces…
Todo se detuvo.
El polvo en el aire.
Las llamas de un coche cercano.
Incluso el sonido.
Lux parpadeó.
—¿Qué…?
Una figura apareció a su lado.
Una mujer.
Su cabello se movía lentamente en el aire inmóvil.
Ella sostuvo una espada.
La extendió hacia él.
—Levántate.
Lux tomó el arma.
—¿Quién—
—No hay tiempo.
Su voz era firme.
Familiar.
Pero Lux no podía pensar con claridad.
—Pelea.
El tiempo volvió a moverse.
El caballero atacó.
Lux levantó la espada.
El metal chocó contra la armadura de piedra.
Una ola de energía recorrió el arma.
Algo oscuro comenzó a fluir por su brazo.
Lux abrió los ojos.
Sintió la magia.
En el aire.
En el suelo.
En todo.
La espada la absorbía.
Y la empujaba hacia él.
Lux gritó y atacó.
La espada atravesó el pecho del caballero.
Una grieta apareció.
De ella escapó una luz esmeralda brillante.
El caballero retrocedió.
Lux cayó de rodillas.
La criatura lo observó.
La grieta en su pecho brillaba.
Por un segundo…
El caballero pareció reconocerlo.
Luego se retiró.
Saltó hacia los edificios.
Y desapareció en la oscuridad.
Lux dejó caer la espada.
Su respiración era irregular.
Miró la grieta en el suelo.
Miró el cielo.
Y entonces comprendió algo.
Su vida…
Nunca volvería a ser normal.
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Dualidad
FantasyLux es un joven diferente a todos. Posee un poder oscuro que podría cambiar el destino de dos mundos: la Tierra y el reino mágico de Terra.
