El gran final (fin del epílogo)

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Rayo pasó la mayor parte de su tiempo infectado en soledad, pero finalmente encontró a personas que, pese a la infección, aún conservaban su humanidad, aunque ya no seguían la moral; la ley del más fuerte gobernaba entre ellos. Rayo era alguien débil que conoció a un grupo de infectados en busca de nuevas tropas. Lo entrenaron para pelear usando Blood, aunque él se rehusaba a utilizarlo. Tras varios meses, ellos se volvieron amigos de Rayo. Él les preguntó si estaban dispuestos a arriesgar todo lo que quedaba para buscar una solución, pues planeaba volver al laboratorio central para recuperar documentos de Anna, de otros experimentos y de las crueldades allí cometidas. Con esperanza, se aferró a la idea de viajar a otra dimensión; ya no tenían nada que perder más que quedar atrapados en la nada, pues su libertad ya estaba perdida por la infección. Rayo logró reunir lo necesario, pero necesitaba ayuda en tecnología y física. Recurrió a su grupo y negoció, pues no estaba dispuesto a matar a especialistas para robarles su conocimiento. Al final, después de pelear y perder contra el más fuerte del grupo, este vio cómo Rayo se levantaba de nuevo, dispuesto a aguantar la caída una y otra vez. Finalmente cedieron y lo ayudaron. Lo único que faltaba era una fuente de energía que la Reina tenía en su poder: aquello que da energía al laboratorio central, conocido como el Purgatorio por los infectados, ya que allí ella ejerce mayor poder al ser su cuna y lugar de nacimiento. Con cautela avanzaron y lograron arrebatar el generador. Pero apenas la luz falló, el primero de sus aliados cayó y empezaron a correr. Rayo esquivaba distintos enemigos mientras los demás contraatacaban. La Reina, tras ellos, los acabó uno a uno hasta que, de una patada, estrelló a Rayo, quien abrazó el núcleo para que no se dañara, provocándole una quemadura en el pecho. Rayo se lamentó y lloró, sintiéndose incapaz y culpable de que sus amigos pagaran por su error. Justo cuando estaba dispuesto a rendirse, algo chocó contra Anna; uno de sus amigos seguía consciente y recibió el golpe por él para decirle: "No importa el momento, no importa qué tan bajo estés, siempre habrá tiempo para cambiar lo que eres; para ser quien eres, Rayo". Rayo recordó entonces el consejo que le dieron una vez en el campamento de supervivientes: "33, recuerda esto porque solo te lo diré una vez, imbécil: cuando no puedas con el enemigo y veas que estás por morir, trágate el orgullo y corre. Estar con vida y no ser infectado es lo que vale; así podrás volver y aprender de tus errores. Debes SOBREVIVIR". Rayo entendió la situación y salió corriendo. Anna acabó con su aliado e intentó tomar a Rayo por el cuello, pero él esquivó el agarre y aceleró por el prado quemado que alguna vez fue un bosque lleno de vida, donde ahora solo reinan las cenizas y la naturaleza parece no tener más dominio. De repente, aparecieron infectados frente a él; los esquivó y tacleó pese al dolor. Lo único que lo motivaba ahora no era su supervivencia, sino el no defraudar a aquellas voces que le dieron algo que jamás poseyó: confianza. Corriendo pese al dolor de las cicatrices recientes, los moretones y las heridas, siguió cargando el generador sin disminuir la velocidad. Uno de sus amigos, completamente dominado por la presencia de Anna, lo atacó por sorpresa, provocando que Rayo atravesara varios edificios. Se levantó con dificultad entre los escombros para enfrentar al más fuerte, quien se puso en guardia con una sonrisa retorcida. Sus sentidos fallaban y sus reflejos se desvanecían, pero Rayo estaba dispuesto a liberarse por aquellos amigos que conoció. Conectó un golpe con la adrenalina al tope, recibió impactos pero también los devolvió, hasta que finalmente lanzó al piso a quien lo había salvado poco antes. Entró en el gran edificio sintiendo sus costillas hechas polvo, alejándose cada vez más de quien solía ser, pero dispuesto a no volver a ser encadenado. Saltó de ventana en ventana mientras escuchaba rugidos tras él. Esquivando supervivientes y fuego militar, llegó al laboratorio de la ciudad. Conectó la fuente de energía y el sistema de seguridad selló todo acceso. Con solo ocho minutos de oxígeno, preparó la máquina. El portal se abrió, pero Anna logró atravesar el bloqueo y lo traspasó con un puñetazo por la espalda. En un último acto de defensa, Rayo activó una granada cegadora; Anna la recibió de lleno y lo soltó. Rayo cayó herido de gravedad mientras el portal se consumía a sí mismo, provocando un pequeño agujero negro del cual Anna escapó sin problemas. En algún lugar, un extraño portal se abrió y dejó caer desde las alturas lo que parecía un cadáver, mientras los pájaros cantaban y una flor nacía

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⏰ Última actualización: Mar 28 ⏰

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