✧ Capítulo 1: "Otro lugar, el mismo peso"

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El avión aterriza con un golpe seco

Evelyn Sokolov no levanta la vista.
Tiene los auriculares puestos, pero no está escuchando nada. Solo los usa para evitar hablar. Para evitar pensar. Para evitar sentir demasiado.

México.

La palabra todavía le suena ajena.
Aprieta el pasaporte entre sus manos como si eso fuera lo único que todavía la conecta con algo real. Rusia quedó atrás. No solo el país... todo.

Suspira.

Su madre se levanta primero, como siempre. Sin mirarla.

-Muevete- dice, seca.

Evelyn obedece, siempre obedece.

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El calor la golpea apenas sale del aeropuerto. Es distinto. Pesado. Nada que ver con el frío al que estaba acostumbrada.

Pero no dice nada.
No dice nada nunca.

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La casa es más chica de lo que esperaba,
su padrastro entra primero, cargando las valijas. No le habla. Nunca lo hace mucho.

Su madre camina rápido, revisando todo, como si algo pudiera estar fuera de lugar.

Evelyn se queda atrás unos segundos.
Mira alrededor.

No es su casa.

No es su país.

Y, sin embargo... la sensación es la misma de siempre. Ese vacío raro en el pecho.

-Tu cuarto- dice su madre, señalando una puerta.

Nada más, sin un "¿te gusta?", sin "¿estás bien?". Nada

Evelyn asiente, entra.
Cierra la puerta y el silencio la envuelve.
Deja la mochila en el piso y se sienta en la cama. Mira sus manos, le tiemblan un poco, respira hondo, una vez, otra vez

No llores.

No ahora.

Nunca ahora.

Recuerda cosas que preferiría no recordar, voces elevadas. Palabras que duelen más de lo que deberían.
Momentos donde quiso decir algo... y no pudo.

Aprendió hace mucho: es mejor callarse.

Más seguro.

Se acuesta mirando el techo.

México.

Nuevo lugar. Nueva escuela. Nueva gente.

Pero en el fondo sabe algo:
No importa a dónde vaya...
siempre se lleva a sí misma con ella.

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El uniforme no le quedaba mal.
De hecho, le quedaba como a cualquiera.

Pero aún así, Evelyn sentía que no era suyo.

Como si estuviera usando algo prestado. Como si en cualquier momento alguien fuera a mirarla y decirle que ese no era su lugar.

Se quedó unos segundos frente a la entrada de la escuela, observando a la gente entrar y salir como si nada. Risas, empujones, conversaciones a medio gritar... todo era tan natural para ellos que resultaba casi ajeno. Nadie dudaba antes de entrar. Nadie parecía preguntarse si encajaba o no.

Ella sí.

Ajustó la mochila sobre su hombro y finalmente cruzó la entrada, sintiendo ese leve nudo en el pecho que ya empezaba a hacerse familiar. No necesitó mucho para darse cuenta de que no pasaba desapercibida. No porque fuera especialmente llamativa, sino porque era nueva. Y ser nueva siempre era suficiente.

El Peso de no decir nada - Daniela Villarreal Stories to obsess over. Discover now