No iba a volver a pasar.
Eso fue lo que me prometí la última vez que alguien se fue de mi vida como si nunca hubiera estado. Sin explicaciones, sin despedidas... solo dejando un vacío que tardé demasiado en aprender a ignorar.
Aprendí a no ilusionarme.
A no creer en "para siempre".
A desconfiar incluso de los "te amo".
Y funcionaba.
Hasta que llegó él.
No fue algo inmediato. No hubo fuegos artificiales ni miradas que lo cambiaran todo. Fue más simple... y por eso mismo, más peligroso.
Un mensaje.
Luego otro.
Después, conversaciones que duraban horas sin que me diera cuenta.
Y, sin querer, empecé a esperar sus mensajes.
-"Buenos días"- decía.
-"¿Ya comiste?"- preguntaba.
-"Te extraño"- soltaba, como si tuviera derecho a hacerlo.
Al principio no le creí.
¿Cómo hacerlo?
Las palabras bonitas siempre suenan igual, no importa quién las diga.
Pero él... él tenía algo diferente.
O al menos eso fue lo que quise pensar.
La distancia nunca fue un problema al inicio.
Porque cuando alguien te habla bonito, cuando te hace sentir especial... los kilómetros parecen no importar.
Y yo...
yo quería creer otra vez.
Quería pensar que tal vez, solo tal vez, esta vez sería distinto.
Que no todos eran iguales.
Que todavía existía alguien capaz de quedarse.
Pero hay algo que nadie te dice cuando decides volver a intentarlo:
El miedo no desaparece.
Solo se queda en silencio... esperando.
Esperando el momento exacto para recordarte por qué dejaste de creer.
Y aun así, ignoré todas las señales.
Porque cuando estás empezando a sentir algo por alguien, haces lo imposible por no ver lo que podría romperte.
Y yo estaba empezando a caer.
Otra vez.
Y aun así, ignoré todas las señales.
Las pequeñas dudas.
Las respuestas que tardaban más de lo normal.
Ese presentimiento que a veces me susurraba que no me confiara demasiado.
Lo ignoré todo.
Porque cuando alguien llega a tu vida en el momento en que más necesitas sentir algo... no quieres cuestionarlo.
Solo quieres quedarte ahí, en esa sensación, aunque sea un error.
Y él...
Él se volvió parte de mi rutina sin que me diera cuenta.
En mis días, en mis noches... en mis pensamientos.
Hasta que un día entendí algo que no quería aceptar:
No importa cuánto intentes protegerte...
Si alguien llega de la forma correcta, va a encontrar la manera de romper todas tus barreras.
Y ahí estaba yo otra vez.
Creyendo.
Esperando.
Sintiendo.
Como si nunca me hubieran roto antes.
Como si no supiera cómo terminan estas historias.
YOU ARE READING
Por un momento fuiste tu
RomanceEnamorarse después de haber sido rota tantas veces nunca fue parte del plan. Había aprendido a desconfiar, a no ilusionarse, a no creer en promesas vacías... hasta que llegó él. A kilómetros de distancia, entre mensajes, llamadas y "te amo" que pare...
