Los milagros existen

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Cuando los enfermeros me dieron permiso, entré a la habitación donde se encontraba la única mujer que he podido amar junto con nuestra hija. Estaba enchufada a una maquina que no paraba de producir un pitido indicando que su corazón aún latía. La observé mientras un tubo provocaba que respirase. Sentí mi alma caer al suelo al verla así de indefensa.

Louis: Amor, no sabes cuanto siento lo que pasó. Como algo te pase no podré soportarlo. Tienes que ser fuerte y luchar por ti, por nosotros, por nuestra hija.-Se la coloqué encima despacito.-Aquí la tienes, quiere estar con su madre, te necesita Eleanor.- No se inmutó. Suspiré.

Doctor: No te rindas joven.-Dijo entrando por la puerta y cogí de nuevo a la pequeña.

Louis: No quiero que se muera...ella es mi vida.-Dije con los ojos llenos de lagrimas.

Doctor: Entonces dele un motivo por el cual vivir. Demuéstrele que es importante para usted.

Louis: Esto ha sido mi culpa...-Dije sentándome en el sofá que había en la sala con mi niña en brazos.

Doctor: ¿Me cuenta qué fue lo que pasó?-Dijo sentándose a mi lado. El doctor no era viejo, tendría entre los treinta y treinta y cinco años. Cabello rubio, ojos azules, piel blanca, transmitía confianza. Cogí aire y comencé a hablar.

Louis: Paseábamos por la playa cuando me encontré a mi exnovia...Me dijo que había tenido un bebé mío y no supe como reaccionar porque nunca tuve relaciones con ella, mi primera relación fue con la chica que está acostada en esa camilla...Pero ella dice que me drogó una noche pero que parecía consciente...

Doctor: ¿De verdad creyó eso?-Dijo incrédulo.

Louis: Lo dudé un segundo pero luego me trajo un bebé con los ojos azules y di por sentado esa posibilidad.

Doctor: Perdón que interrumpa pero, los ojos de los niños van cambiando mediante crecen. Empiezan en gris, luego azul y acaban en el color que les toque.

Louis: No lo pensé doctor...Eleanor quería que me hiciera la prueba de paternidad pero no sabía que hacer y no quería dudar de si era mi hijo o no y entonces ella se enfadó y cuando llegué a casa la vi haciendo la maleta. Me iba a dejar...y yo no quería eso...le rogué que no se fuera. Agarré su maleta para que la soltara. Y ella no es que se le pueda ablandar fácilmente, es demasiado cabezota cuando quiere...tiró con fuerza de la maleta y de la fuerza que hizo no me dio tiempo a agarrarla cuando ya estaba cayendo por las escaleras...Me siento tan culpable...si solo hubiera aceptado a hacérmela...podríamos haber perdido a nuestra hija...-Las lágrimas salían sin piedad de mis ojos.

Doctor: Fue un accidente...nadie tuvo la culpa...fue algo desafortunado pero su hija está sana y salva y es más que hermosa. Ella se pondrá bien. Esperemos.

Louis: ¿No puede hacérsele una transfusión de sangre?

Doctor: en su estado es muy peligroso...

Louis: ¿Y las células del cordón umbilical? Eso podría salvarla...

Doctor: Voy a ver que pueden hacer. No le prometo nada.-Dijo a punto de salir por la puerta.-Y, por cierto. Deje de echarse la culpa. Las energías negativas son malas para los pacientes y para su hija.

Salió de la habitación y me quedé observando el cuerpo de Eleanor...Lo único que llamó mi atención en ese mismo instante fue Iraya moviéndose inquieta entre mis brazos. La miré y estaba retorciéndose, como si estuviera incómoda. comenzó a llorar y la calmé pero no conseguía que callara.

Louis: Vamos pequeña, no llores.-Decía mientras la calmaba pero nada daba solución. Me estaba empezando a agobiar. Iraya no dejaba de llorar y ya no sabía que más hacerle. Cogió mi dedo y lo llevó a su boca calmándose pero al quitarlo volvió a llorar. ¡claro, tenía hambre! Salí de la habitación y busqué a alguna enfermera. enseguida me dieron un biberón y volví a la habitación a alimentar a mi pequeña.

Cartas {Harry & Tú}Where stories live. Discover now