Después de tantos años Vera apenas recordaba el rostro de sus padres
A veces lo intentaba, cerrando los ojos con todas sus fuerzas, como si así pudiera reconstruirlos pieza a pieza. Pero lo único que aparecía eran fragmentos sueltos, incompletos. La risa de su madre, flotando en el aire de la cocina. Las manos de su padre, firmes, apoyadas sobre sus hombros. Una voz cálida diciéndole que todo iría bien.
Y luego... nada.
Silencio.
La guerra no solo se los había llevado; también había borrado partes de ellos en su memoria. Como si el dolor hubiera decidido protegerla, escondiendo los detalles más nítidos en algún lugar que ya no podía acceder.
Abrió los ojos.
El techo de la habitación era siempre lo que veía al despertar. Blanco, liso, sin ninguna marca. Lo había mirado tantas veces que casi podía contar los segundos que pasaban entre cada pensamiento.
Se incorporó despacio, dejando que sus pies tocaran el suelo frio. La casa estaba en silencio. Como siempre.
Ese silencio no era nuevo. Llevaba años ahí, instalado entre las paredes, ocupando los espacios que antes llenaban las voces de sus padres. Al principio había sido insoportable, una presencia constante que la obligaba a recordar. Ahora... simplemente era parte de todo.
Se levantó y caminó hasta la cocina. Se preparó café sin pensar demasiado, siguiendo momentos automaticos que había repetido cientos de veces. Encender la cafetera. Esperar. Servir. Sentarse.
Miró la taza durante unos segundos antes de dar el primer sorbo.
Amargo, como siempre.
No hizo ningún gesto. Nunca lo hacía.
El sonido de unas llaves girando en la puerta la sacó de su rutina. Vera alzó la mirada justo cuando su hermano entraba en casa.
Llevaba el uniforme.
Siempre lo llevaba.
-Estás despierta- dijo él, cerrando la puerta detrás de si.
-Si.
No hacía falta decir más. Nunca lo hacía.
El dejó las llaves sobre la mesa y se acercó a la cocina. Su presencia llenaba el espacio de una forma distinta al silencio. Más tensa. Más rígida.
Se sirvió agua y bebió de pie.
Vera lo observó en silencio. Había algo en él que había cambiado con los años, algo que no sabría explicar del todo. No era solo el uniforme, tampoco su mirada, era algo más frio, más insípido como si su cuerpo estuviera en alerta.
No había color, era todo nublado como los pensamientos que rebotaban en la cabeza de los dos. Los días pasaban y eran pesados, nunca cambiaba nada del mundo donde Vera estaba constantemente.
-Deberías salir más- añadió el, apoyándose ligeramente sobre la encimera -. No puedes vivir encerrada eternamente, tienes una vida por delante.
Vera bajo la mirada lentamente dejando escapar un leve sollozo, acariciando su taza mientras le da un sorbo y traga bruscamente.
-Salgo.
-No lo suficiente.
Lucas carraspeo su garganta mientras sus ojos se clavaban en la mirada de Vera.
Ella no respondió.
Su hermano suspiro levemente como si algo dentro de él no cuadraba con lo que realmente tenía que decir.
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¿Guerra o amor?
RandomVera Waldor siempre ha sabido cuál era su destino: el ejército. Vengar a sus padres. No mirar atrás. Hasta que aparece ella. Kira Hale es todo lo que Vera no entiende: libertad, emoción, caos... y una voz capaz de romper las barreras que llevaba año...
